10 mar. 2008

LA PLUMA DEL ESCORPIÓN 3 EL DESENLACE

Una semana mas tarde la policía se presentó en casa de Clara, Ángela que estaba con ella fue la que los recibió y los hizo pasar al despacho para poder hablar más tranquilamente con ellos.

Ángela – Ya saben algo sobre lo sucedido, mi amiga esta totalmente destrozada, no se pueden imaginar lo mal que lo está pasando, ya fue un duro golpe la muerte de mi marido, pero que asesinaran unos días después al pobre Jorge, nos ha quebrado los nervios, no nos sentimos seguras en ningún sitio.
Policía- Sí lo entendemos perfectamente por eso estamos aquí para tranquilizarlas, la investigación prácticamente esta finalizada, y quisiéramos darles los detalles sobre la misma.
Ángela – Voy a llamarla a Clara, estaba echada desde que recibió la triste noticia apenas descansa.

Una vez reunidos todos en el despacho uno de los policías comenzó a explicar todo lo que habían descubierto en la investigación.
Policía – Apenas quedan unos flecos para terminar la investigación, ayer se detuvo al presunto culpable, en su casa encontramos el arma que fue utilizada en los dos asesinatos, además de algunas cartas y documentos que lo involucran de lleno en los asesinatos.
Clara – ¿Cartas y documentos?
Policía – Si señora, además del arma hemos encontrado transferencias bancarias, hechas por sus maridos, da la sensación de que les estaba extorsionando.
Clara - ¿Entonces por que matarlos?
Policía – la conclusión a la que hemos llegado es la siguiente, este individuo comenzó a tener relación con uno de sus maridos, sacándole todo tipo de información y es así como consiguió llegar hasta el otro, jugando con los dos y sacándoles dinero, de alguna manera llegó hasta él una carta en la que el Jorge le daba un ultimátum a Roberto para irse a vivir juntos, viendo que se le acababa el chollo debió producirse algún tipo de discusión con su marido, el señor Roberto, terminando con la muerte de este y su coche en el rio. El señor Jorge debió de olerse algo y el detenido pensando en que podía delatarlo, se lo quitó del medio, con la idea de que nadie encontraría la relación entre los tres.
Clara – Y ustedes como han conseguido localizarlo.
Policía – Gracias a una llamada anónima que nos facilitó datos esenciales, para llegar hasta el asesino.
Clara – ¿Entonces podemos dormir tranquilas?
Policía – Si señora, su pesadilla ha terminado, y aunque todavía no ha confesado las pruebas son aplastantes, este no se libra de un mínimo de 20 años en la cárcel, por mucho que niegue, que el los matara.

Una vez solas las mujeres se miran sonriendo.

Clara – Voy a abrir una botella de champán.
Ángela – Ves como merecía la pena desacerté de el Mercedes.
Clara – Si hija, pero podíamos haber tirado a Roberto con el Ibiza, total para terminar en el fondo de el rio.
Ángela – Roberto nunca conducía el Ibiza, hubieran sospechado y con la empresa a nuestros nombres y el dinero de los seguros, te puedes comprar los Mercedes que quieras.
Clara – Me da pena el señor del bigote.
Ángela - ¿Pena? Les estaba sacando hasta los tuétanos, vivía en un piso de Roberto recibía dinero todos los meses, se merece todo lo que le pase.
Clara – La verdad es que sí, tal y como tu dijiste, nuestro plan era perfecto. Después de matar a esos dos estupidos y con la copia de llave del piso de Roberto, sólo teniamos que esperar el momento apropiado para dejar todas las pruebas incriminando al inbecil del bigote.
Ángela – Si mi vida y ahora nada podrá separarnos.
Clara – Si mi amor y lo mejor es que no solo nos hemos quitado del medio a esos idiotas si no que además nos lo hemos quedado todo.

Las dos brindan con champán y después de dar un largo trago se besan apasionadamente en la boca.
¿Quién dijo que el escorpión no tiene pluma?

11 feb. 2008

LA PLUMA DEL ESCORPIÓN 2 PARTE Y NO POR ELLO LA ÚLTIMA

Por supuesto Ángela que era una mujer de armas tomar, puso de patitas en la calle a su hasta aquel día, querido Roberto, proponiéndose dejarle sin blanca.

Lo que es el destino, ¿verdad? Ángela comenzó los tramites de separación, busco el mejor abogado, para poder desplumar a su marido, y en estas estaba cuando un día llamo a su puerta dos agentes de policía.

- Policía: ¡Buenos días señora!
- Ángela: ¡Buenos días!
- Policía: Estamos buscando a la señora de D. Roberto Cortijo.
- Ángela: Exseñora de D. Roberto Cortijo, si no le importa.
- Policía: Están separados.
- Ángela: No estamos en trámites.
- Policía: Pues creo que se lo va usted ahorrar.
- Ángela: ¿Cómo dice?
- Policía: Nada, es que hemos encontrado a su marido, en el río.
- Ángela: ¿Pescando?, mira que a él le daban asco los peces, pero bueno.
- Policía: No estaba en su coche.
- Ángela: ¿Lo han detenido por aparcar en el río?
- Policía: Es que estaba dentro.
- Ángela: Como si lo viera, con lo cabezón que es se empeñaría en aparcar en primera fila, pero como si se ahoga, a mí ya me importa un bledo.
- Policía: Pues de eso se trata, su marido ha muerto.
- Ángela: ¿Se ahogo?
- Policía: No, le pegaron un tiro y lo lanzaron al río dentro de su coche.
- Ángela: ¿De verdad? Mi Roberto
- Policía: Sí, y además nos gustaría que nos acompañara, para identificarle y testificar, sobre que es lo que hizo usted anoche.
- Ángela: Esto es indignante, ¿creen que yo le mate?
- Policía: Nosotros no podemos decir nada, sólo queremos que nos acompañé.
Clara miraba a su amiga, en pocos días su vida había cambiado tanto, que era difícil saber como lo asumiría. Ángela, aunque aparentemente estaba tranquila, sobre todo después de que el Juez la dejara en libertad sin cargos, podría romperse en cualquier momento.

- Clara: Quieres que me quede contigo esta noche.
- Ángela: Ya te he dicho que no te preocupes, estoy bien y tengo un montón de cosas que hacer, buscar todos los papeles necesarios que Jorge necesita.
- Clara: Si necesitas algo me llamas.
- Ángela: Gracias.

Una vez en soledad Ángela se metió en el despacho, para buscar los dichosos papeles, después de estar dos horas buscando, leyendo y clasificando, solo le quedaban unas cartas que ella pensó eran de la empresa por que estaban escritas por Jorge, el marido de su amiga y socio de su marido. Pero según iba leyendo su cara iba desencajándose, no entendía nada, o lo que es peor comenzaba a entendiéndolo todo.

Roberto, esto tiene que cambiar, no puedo seguir así. Está mujer va ha terminar volviéndome loco.
Te necesito, y necesito saber que lo nuestro es tan importante para ti, como lo es para mí, sino, no podré seguir fingiendo con el adefesio de Clara.
En realidad, no se porque no nos fugamos a un lugar donde nadie nos conozca y podamos estar juntos tú y yo, sin nada que nos juzgue, no tener que ocultarnos nunca más, ni avergonzarnos de este gran amor que sentimos.
Por favor, prométeme que pensaras en ello
Espero tú respuesta.
Siempre tuyo Jorge.

10 ene. 2008

LA PLUMA DEL ESCORPIÓN 1ª Parte

¡Hola de nuevo!

He vuelto, siento no haber podido volver antes, pero cada vez tengo menos tiempo y mas cosas por hacer. Espero ponerme al día rapidamente, por que ya os hechaba de menos.
Pero no quería volver hasta que no pudiera contar algo que realmente os gustara y espero que con este relato, que por ser un poco estenso lo haré en partes, este a la altura de tan distingo público. Hay que ver que pelota soy.


Yo trabajo de cara al público y el primer día de trabajo una de mis compañeras, muy inteligentemente me dijo – María, sea quien sea atiendela como si fuera una millonaria, porque las apariencias engañan y no sabes de que manera, después de tantos años, puedo confirmar lo que me dijo aquel día mi compañera.

Ángela era una mujer de unos 50 años, llevaba toda su vida dedicada a su familia, pero ahora tenía todo el tiempo del mundo, sus dos hijos ya hacía tiempo se habían emancipado y su marido se dedicaba por completo a su trabajo, menos mal que le quedaba Clara.
Clara vivia una situación similar, aunque ella nunca había tenía hijos, habían vivido puerta con puerta toda la vida, y Clara había estado al lado de Ángela siempre desde el día en que sus maridos decidieron montar una empresa juntos.
Ahora su tiempo lo dedicaban a actividades como las compras, reuniones de amigas, gimnasio, peluquería, tenían que llenar sus vidas vacias y sin imprevistos.
Precisamente la historia comienza un día en que las dos amigas llegaban de compras a la casa de Ángela.
Ángela decidió que era mejor subir las escaleras en vez de coger el ascensor, y de paso hacían ejercicido, pero después de luchar con una muchedumbre enloquecida por las rebajas, durante toda la mañana, ya nos le quedaban fuerzas.
Ángela – Cada vez me cuesta más subir las escaleras.
Clara – Si no te hubieras empeñado en subir los tres pisos andando.
Ángela – Después de no caber en una talla 44, pienso ir andando a todos los sitios, esto lo arreglo yo, ¡Vamos que si lo arreglo!
Clara – Mujer los años no perdonan y después de todo me gusta más el conjunto que te has comprado.

Una vez dentro de la casa Ángela decidió que iba a volver a probarse el conjunto, ya que no estaba muy convencida.

Clara – Mientras te lo vas probando voy ha hacer un poquito de café, que estoy desfallecida.

Ángela le hizo un gesto afirmativo y se dirigió a su habitación, la puerta estaba cerrada y aunque le estraño no le dío más importancia, pero al entrar en ella, su cara se desencajó por completo. ¿Qué era aquello? ¿Qué era lo que estaba ocurriendo?.
Ni en mil años que hubiera vivido podría haber imaginado algo así, por un momento le asaltó la duda, a lo mejor lo que creía estar viendo tenía una explicación, se decidió a preguntar - ¡Roberto, estas bien!

El levanto la cabeza, pero al ver a su mujer en la puerta le comenzo a subir un color rojo oscuro que terminó por cubrirle el rostro y hasta parte de la calva, debajo de las sabanas comienzó a salir muy despacito la cabeza de otro señor con vigote, que la miró perplejo.

Ángela- ¡Pero que demonios estas haciendo! ¡En mi cama! ¡A tus años!, y lo que es peor, con un señor con bigote, ¿Es qué no te da vergüenza?
Clara - ¡Ángela! ¿Qué ocurre?
Ángela - Fijate Clara mi marido me engaña.
Clara - Mujer, eso es normal, son cosas de hombres.
Ángela - Sí, con una mujer, pero no con un señor.
Clara - ¿Roberto con un señor? Eso si que no me lo pierdo.
Ángela - ¡Clara no frivolices con esto, que es muy serio.

Clara asoma la cabeza por la puerta del dormitorio, para comprobarlo.

Roberto intenta ponerse de pie y coge la sábana para taparse, mientras el otro señor de bigote se tapa como puede con la colcha.

Roberto - ¡Esto no es lo que parece! El es el técnico y ya sabes lo que cuesta que a uno le atiendan en condiciones.
Ángela - Y no crees que te has excedido.
Roberto - Shhh Bueno ya sabes como son estas cosas una cosa lleva a la otra y al final, por no decir que no.
Clara - Pues si que te has dejado llevar, yo después de treina años conociendote no hubiera imaginado nunca que fueras tan dócil, con el carácter tan endemoniado que tienes.
Ángela - Roberto buscate otra excusa y no me tomes el pelo.
Roberto - Mujer, que quieres que te diga me deje llevar, él me sedujo y yo no pude negarme.
Ángela - ¿Qué no pudiste negarte? Que el tio lleva bigote, si todavia fuera una mujer de buen ver.