26 jun. 2010

LOS ABUELOS




                                                                     
A veces yo misma me asombro de la capacidad que tengo para la autosugestión, que una pobre mujer mencione a unos ancianos y yo comience a imaginarlos de la peor manera posible, fue todo uno. Mi ilimitada imaginación calenturienta, me ofrecía imágenes de lo más variado, mientras intentaba utilizar la coherencia, que en estos momentos para mí, que había pasado a mejor vida.
                                                                                    
Comencé por imaginarlos congelados, pero claro esto no es Sibería y los abuelos no son como los mamut, que se congelan en cualquier sitio, a no ser que tuviera una cámara frigorífica, idea que deseche por que la casa según la señora no tenía luz.

El embalsamamiento fue otra de las posibilidades o en el peor de los casos, ya con la mente muy desbordada, imaginarlos tipo psicosis, en huesito pelao.
                                                                                
Todas mis dudas se resolvieron cuando la mujer abrió la puerta.

No voy a negar que pase la última y hubo el correspondiente cachondeo, ante mi escasa valentía.

Los abuelos consistían en dos figuras de paja, sujetas por alambres y vestidas, las cabezas y manos las había echo la buena mujer y aunque no eran dos obras de arte, la mujer las enseñaba con orgullo, mientras nos comentaba que la abuela necesitaba unas pequeñas intervenciones en pechos y piernas, debido a la fuerza de la gravedad, la paja se había ido acumulando en la zona baja de la pobre mujer, mientras en dicho proceso perdió los pechos y hombros, vamos como me va sucediendo a mi en los últimos años, cosa que me da que pensar: ¿estaré entrando en la tercera edad?
                                                                       
La cosa no era como para salir corriendo y mucho menos para asustarse, ya se podía a ver ahorrado el comentario la jodia

En fin que una vez concluida la visita volvimos a la carretera, cuando una ve las señales de trafico en las que hay un Bambi cornamentado saltado alegremente, piensa que son mera prevención, pero claro siendo el pueblo de Irma, el Bambi no solo salta si no que apoquito te descuides, se mete en el coche, con cornamenta incluida.
                                                                      
Una visita a la hermana del Inti y una estupenda cena, con tertulia de sobremesa incluida, dio por finalizado un día, lleno de emociones.

A la mañana siguiente vuelta a empezar, con lo pequeñito que es el pueblo y la de cosas que hay que ver en el, nuestra primera visita fue cultural, esta vez al museo de Ciencias Naturales,  vimos las huellas de unos dinosaurios, que en otros tiempo habitaron estos parajes y las cuales muestras los lugareños con orgullo. ¿Cuánto pueblos pueden presumir de contar con tanto museo didáctico?

Pasamos por el pueblo, nos presentaron a las Puras, solteronas de este paraje que apenas cuentan 70 ó 80 años, pero que yo las vi. en edad de merecer.
                                                                                
Por último fuimos a ver como trabajaban la tierra y sembraban patatas, aunque el único que picaba era el Inti, a todos nos entro el mismo hambre y sed, que esto es España y los españoles nos solaridizamos enseguidita.

Estuvimos viendo las colmenas y nos comentaron que había víboras de las que tienen veneno y todo, también vimos halcones o buitres o lo que sea que se quería zampar a los chiguagas de una amiga de Irma, como no podía ser de otra manera, tienen burros de los de cuatro patas y de los de dos, con lo cual de fauna e podido comprobar que van bien, vamos mejor que el zoo y muchísimo más barato.
                                                                             
La verdad es que la visita ha sido de lo más completa y yo la recomiendo, tiene de todo cultura, gastronomía, fauna y emociones fuertes ¿Qué más se puede pedir?


9 jun. 2010

QUIEN DIJO QUE LOS PUEBLOS ERAN ABURRIDOS, NO CONOCÍA A IRMA


Como ya os conté estuve en el pueblo visitando a mi Irma del alma, que ya tenía ganas yo de achucharla aunque solo fuera un poquito.

Ella y su Inti, nos han tratado a cuerpo de rey y como no podía ser de otra manera, lo hemos pasado bárbaro.

En pocos meses, se han hecho con el pueblo y son autóctonos de la zona, ellos dicen que han tenido suerte, yo creo que la suerte la han tenido los del pueblo.

Llegamos de madrugada a eso de las 3:30 de la mañana, aparcamos nuestra casita móvil y a dormir, a eso de las 10:15, ya sentíamos las voces de nuestros amigos, lozana y guapísima como siempre, Irma llena de energía, que daba una envidia la condenada, me hizo ir a desayunar, todavía no me había quitado las legañas, que según ella están moda en el pueblo.

Nos sentamos a desayunar y nos levantamos a eso de las 5:30 de la tarde.

Sí, se que no cuadra, mi Lucero y yo tenemos las mismas dudas, unas semanas después, en que momento, cambiamos el desayuno, por el aperitivo y este por la comida, es un autentico misterio, gracias que a alguien se le olvido la merienda, por que yo empezaba a parecerme a naranjito (me delata la edad).

El caso es, que al fin nos levantamos, nos costo, mucho, para que lo vamos a negar, pero llegaba el momento de la visita de cortesía a las excelencias del pueblo.

Teníamos que ir en coche y todos nos dirigíamos felices hacía la furgoneta cuando, Irma mano en jarra, en la otras las llaves del coche y sonriente, nos dijo.

-         Sí, si podéis correr, pero que sepáis, que en la furgoneta no cavéis todos y alguien tendrá que venir conmigo.
-         Yo, por supuesto- le dije, andando en dirección al coche, soy cobarde sí, pero por una amiga, yo MUE-RO. Como diría la Esteban.

Al cabo de unos minutitos de nada, ya me di cuenta, de que mi Irma, ha evolucionado al volante, ahora es mucho más temeraria si cabe, mientras tomaba una curva, que más que curva, parecía un círculo, cigarrillo en boca decía.

-         Yo no entiendo, como aquí puede haber tantos accidentes.
-         ¡Hombre!, ¿Por qué la carretera es de piedras, la curva si es más cerrada, sería un cambio de sentido y por que además de estrechísima, hay un barranco que a poquito se te vaya el coche, te despeñas?
- ¡No! debe tener algo que ver en como controlar el vehículo.

Yo pensé para mis adentros, mi niña ha sido poseída por el espíritu de Carlos Saíz y eso que no ha muerto.

Debo de decir a su favor, que incluso atravesó un riachuelo a toda pastilla y sin despeinarse, empezaba a sentirme como el compañero del Carlos, ese que decía lo de - ¡Trata de arrancarlo! ¡Trata de arrancarlo, Carlos por Dios!


Los dos teníamos la misma desazón aunque por causas diferentes.

Cuando llegamos a nuestro destino, no baje del coche y bese el suelo, estilo Papa, por si había bichos y por no herir sensibilidades, pero apuntito estuve.

No es que Irma lo hiciera mal, todo lo contrario, demostró una destreza, que para mi la quisiera, pero yo estoy acostumbrada a las callecitas asfaltadas, sin riachuelos, caminos de grava, cuestas de más de 60 º de desnivel y curvas imposibles en la que despeñarse una.

Menos mal que el lugar, la verdad merecía la pena, en medio de un bosque, con el sonido del riachuelo acompañándonos por todo el recorrido, en el ambiente una mezcla de olores de hiervas aromáticas, pajarillos cantaban mientras yo me iba dejando las piernas en carne viva, por pincharme con toditos los zarzales por los que pasábamos y mientras algún niño se nos iba despeñando, pero tranquilos no hizo falta atención médica, solo Betadine y esparadrapos, nada serio.

Después decidieron ir a un pueblo que estaba en lo alto de una montaña, la verdad es que la conducción de mi chica fue la leche, teniendo en cuenta que el desnivel de la carretera era de más de 70 %, que más que una carretera, parecía la subida a la atracción de una feria, eso si todita de piedra y sin espacio para maniobrar.

Yo no quise decir nada, pero para mis adentros pensaba, en cualquier momento, en vez de subir, el coche bajar, pero hay estaba ella, segura de si misma, volante en mano y subiendo como si lo hiciera todos los días.

Una vez arriba tubo ha bien un lugareño de los dos o tres que había en el pueblo, explicarnos, que nadie sube por allí, por lo peligroso que es, que todo el mundo sube por la otra carretera, que esta mejores condiciones y es muchisisimo menos peligrosa.

A lo que mi Irma le respondió:
-  Pues este invierno lo intentamos, pero nos tuvimos que dar la vuelta, por que con el hielo el coche derrapaba.
Yo di gracias al señor (y no soy católica) por haber escogido la primavera para esta visita.

En fin que una vez en lo alto del pueblo, disfrutamos de unas vistas preciosas. El pueblo una pasada de callecillas de piedra y casas medio en ruinas, otras mejor conservadas con ventanitas de madera, era como retroceder en el tiempo, te invadía una sensación de paz tan agradable.

Encontramos a una pareja que andaba por allí, regando sus florerillas.

Mi Irma que habla, hasta con las cabras, entablo conversación con la mujer, al cabo de unos minutos, ya nos estaba invitando, a ver un museo, que ella misma había hecho, con todo tipo de herramientas y cosas típicas de los pueblos.

-         Voy a por las llaves, sólo espero que los niños no se asusten cuando vean a los abuelos.- Nos dijo la señora.
-         ¿Qué ha dicho que, de unos abuelos? –Le comente a Irma en bajito y con acojono incorporado.
-         Que no se asusten, por que nada más entrar están los abuelos.
-         ¿Disecados? ¡No me jodas!
-         ¡No creo!
-         ¿Irma, seguro que tenemos que ir?

Y vaya que si fuimos, mi Irma no se pierde una, pero eso lo contaré en otro post, que ahora no tengo más tiempo, je, je, je,