26 may. 2011

LOS OJOS DEL DESIERTO IX

            Después de pasar la tarde con Mibsan, María, siguió con su objetivo, era la hora de Qasid y tenía muy claro que llegaría hasta donde hiciera falta para conseguirlo.

            Quería sorprenderle y para ello no le llamó por teléfono, si no que averiguo donde cenaría esa noche, tampoco es que fuera muy difícil, ya que Qasid era un hombre costumbres.

            Se vistió y arregló concienzudamente no quería que la historia terminara por no estar a la altura, el vestido era sugerente en color negro ajustado hasta la rodilla y el escote cuello barco, dejaba ver sus hombros.
 
            La verdad es que al entrar en el restaurante no paso desapercibida tal es así que mientras ella lo buscaba entre la gente que estaba sentada a cenar, el se la acercó.

-         ¡María! ¿No te has marchado?
-         En principio si iba a hacerlo, pero luego me arrepentí.
-         ¿Qué es lo que te hizo cambiar de idea?
-         La conclusión de que te necesito y quiero aceptar tú petición.
-         ¿Te casarás con migo?- Le preguntó sorprendido.
-         ¡Sí!

            Aquella misma noche abandonó el hotel, para trasladarse a la casa de Qasid, donde tenía que hacer todos lo preparativos para la boda.

            Sólo necesitó una semana para averiguar lo que necesitaba saber y cuando iba a suceder, lo complicado era hacer llegar esta noticia a sus colaboradores en la operación, ya que todo lo que entraba y salía de aquella casa era escrupulosamente manipulado, estaba claro que alguien no se fiaba de ella y ella era consciente de ello.

 
Un día se levanto muy temprano el dolor de estomago no la dejaba dormir, apenas comía, sólo lo que ella misma se preparaba en la cocina o lo que se presentaba en grandes bandejas para servir, cuando ella veía comer a los demás y no pasar absolutamente nada, era cuando empezaba a ingerir alimentos, pero nunca de manera individual, por eso en más de una ocasión se levantaba durante la noche y bajaba a la cocina en busca de algo para llevarse a la boca, pero a la hora de volver, a María le dio la sensación de que no estaba sola, comenzó a oír como crujían los peldaños de la escalera de servicio, la madera delataba cada uno de los pasos que daba ella y que daba alguien, se volvía una y otra vez, pero no conseguía ver a nadie en determinado momento llego a sentir pánico y echo a correr en dirección a su habitación, como alma que lleva el diablo.
 
Todos sus pasos eran vigilados, sentía ojos fijos en ella, pero cuando buscaba quien era la persona que la miraba, nunca había nadie, llego a pensar que estaba sugestionada por la situación de miedo, ya que era sabedora del peligro que corría, de cualquiera de las maneras nunca estaba demás tomar algunas medidas de precaución. Ahora más que nunca la casa de Qasid era una trampa mortal, los pasillos de aquella preciosa mansión se le hacían infinitos, por eso solía recorrerlos apoyando su espalda contra la pared, como si eso pudiera salvarla, era absurdo pero María prefería saber por parte de quien iba a venir el golpe mortal.

En una ocasión mientras ella estaba intentando escuchar los ruidos que venían de la escalera se quedo tan pegada a la puerta que al abrirla una de las criadas que estaban dentro, ella cayó al suelo, con el corazón a punto de explotar en su pecho por el susto.
Su piel empezó a palidecer, entre la falta de comida y la poca luz que la daba por miedo a pisar los jardines y convertirse así en un blanco perfecto, había echo que su habitación se convirtiera en el único lugar donde ella podía sentirse algo más segura, aunque tampoco cantaba victoria, no era un blanco fuerte, más bien era débil y sus enemigos la tenían por una mujer atolondra y algo boba metiéndose en la boca del lobo. O al menos eran esas las informaciones que la llegaban del exterior la entrada y salida constante de objetos e invitaciones, no hacía que ninguna sospecha se cerniera sobre ella, al menos de forma aparente y eso lo aprovechaba muy bien a Maria para poner al día a sus compañeros del exterior, más bien para que supieran que seguía viva, para ser exactos.

Qasid tenía que pasar una noche fuera de casa, María quiso acompañarle pero el le puso mil excusas, ella no quería pasar la noche sola en aquella casa, la misión estaba a punto de llegar a su fin y no quería morir antes de completarla.
 
Fue una noche larga, se mantuvo en la cama sentada de frente a la puerta, con el arma preparada en las manos que no la dejaban de temblar y sudar, era una situación absurda en el hipotético caso de que quisieran deshacerse de ella, no tendrían que insistir mucho, una sola pistola no era algo que pudiera parar al pequeño ejercito que vigilaba la casa de Qasid, siempre intentando estar con la espalda apoyada en la pared, apenas había cenado, el dolor de estomago la ayudaría a que no pudiera conciliar el sueño. De repente algo sucedió que no la dejo indiferente, más bien confirmaba sus teorías, a eso de las de la madrugada, oyó unos pasos sigilosos, aunque no estaba segura, agudizó el oído todo lo que pudo, en algunos momentos llegaba a pensar que  se estaba volviendo loca, volvió aquel espeluznante crujido se acercaban a la puerta despacio. María contenía la respiración y rezaba para que los pasos volvieran a alejarse, según el peligro se acercaba ella sentía que su idea del arma era una autentica tontería, a ¿quien pretendía engañar? Si ella era incapaz de matar. Los pasos se detuvieron, aquellos segundo llenaron de angustia a María que no sabía que demonios podía hacer para librarse de ellos, aunque en su lucha interna también tenía lugar la duda de estar viviendo una paranoia irreal, durante un tiempo que a María se le hizo eterno no oyó absolutamente nada, si había alguien al otro lado de la puerta estaba actuando igual que ella, los segundos se hacen siglos cuando el miedo es el que manda, pero cuando comenzó a girar lentamente el pomo de la puerta. María tubo constancia, no era una paranoia, era su asesino y si el fallaba, vendrían otros, hasta conseguir verla muerta, tal y como les habían ordenado.
La habitación estaba sumida en la oscuridad absoluta, María la conocía como la palma de su mano. Su corazón estaba al borde de salirse de su pecho, no podía evitar el latido sonoro y fuerte, pensó que en el silencio de la noche su asesino lo oiría convirtiéndola en un blanco fácil, debía ser más rápida, se aferraba al arma como un naufrago a un salvavidas, pero era consciente no tenía escapatoria ninguna, apenas pudo ver quien se acercaba con lentitud para colocarse frente a la cama y levanto la mano sin decir nada, realizo 3 disparos con un pulso firme en tres puntos concretos, sabía lo que se hacía y sin decir una sola palabra, retrocedió con tranquilidad y cerró la puerta a su espalada. María pudo haberlo matado, pero no tuvo valor, aún sabiendo que era para defender su propia vida.

11 may. 2011

LOS OJOS DEL DESIERTO VIII

 Una vez de vuelta al avión, María estaba exhausta pero seguía sin poder pegar ojo, esta vez no por la incertidumbre, si no por el conocimiento de toda la verdad.
¡Sí! la quería muerta, curioso era el echo de toda la trama, una trama muy bien planificada hasta el más mínimo detalle, tanto esfuerzo para deshacerse de una mujer, una mujer a la cual hubiera sido más fácil pegarla un tiro en cualquier calle oscura y quitarle el bolso, para figurar un robo, no tenía a nadie, estaba sola, quitando su amiga y cuatro conocidos más, todo lo demás, familia, amigos y demás conocidos se fueron con su ex-pareja, que era el que tenía, el dinero y el poder.

Las cosas habían vuelto a girar ahora ella formaba parte del juego, no a la parte pasiva que había desempeñado hasta ahora, si no la activa, no había vuelta atrás, ya no podía esconderse, puesto que la encontraría y volvería a jugar con su vida, sabría donde encontrarla en cada momento y todos sus movimientos y costumbres. Ahora ya no se podía permitir más lujos, era su vida, lo único que tenía, lo que estaba en peligro y después de saberlo todo, le importaba más que nunca seguir viviendo por puro amor propio.

Su contacto no la falló esta vez, estaba en el sitio correcto a la hora acordada, la acompañó a un pequeño hotel, y la dejo una maleta, con todo lo necesario para desarrollar el trabajo que la habían encargado, no tenía mucho tiempo, la cosa estaba a punto de estallar y ella quería estar lejos para cuando eso sucediera.

Nada más llegar al hotel se dio una larga ducha, lo necesitaba, llevaba más de treinta horas sin dormir y apenas había comido, una vez relajada, se asomo al balconcillo del hotel, respiro hondo y se prometió así misma que esta vez jugaba con ventaja y no podía fallar, ni mucho menos dejarse llevar por sentimientos o recuerdos de lo que para ella era el pasado, una página cerrada.

Aquella noche durmió más de doce horas, casi le da algo cuando vió tanta luz en el balcón, cogió el reloj de la mesita de noche y vio que ya eran las ocho, salto de la cama directa a darse una ducha de agua fría, para poder despertarse y se vistió con una túnica negra y un chador con el que cubría parte de su rostro, dejando tan sólo sus ojos al descubierto.
 
La primera parada era en la embajada francesa, necesitaba cierta documentación que le tenían que facilitar, fue una visita rápida, ya que lo tenían todo preparado. Al coger el maletín, se dio cuenta de que pesaba más de lo que ella esperaba.

Todo iba sobre ruedas, la mañana la cundió bastante, e incluso llego antes de lo que esperaba a su objetivo principal, ya que pensó que le costaría más de un día encontrar a Mibsan, pero este salía de la casa de Helen a la que ella se dirigía en ese momento, para conseguir averiguar su paradero.

Cuando se acercó a el, él se quedo perplejo, como paralizado.
 
-         ¡Hola Mibsan!
-         ¿Maria?
-         Sí, soy yo. Hizo gesto de quitarse las gafas de sol para que el la pudiera ver los ojos.
-         ¿No te has ido?
-         Peor aun, he tenido que volver.
-         ¡No entiendo!
-         Tampoco hace falta, necesito tú ayuda y no se si puedo contar contigo.
-         Sabes que sí, pero pensé que ya no confiabas en mí.
-         La verdad es que me equivoqué y es por ello que quiero pedirte disculpas.
-         ¡Vaya! Esto si que es una sorpresa, pero ¿por qué ese cambio tan repentino? Has hablado con Qasid, te has enterado de algo ¿De dónde has vuelto?
-         Un interrogatorio en toda regla, bueno te invito a comer y te pongo al día te parece bien, creo que te lo debo.
-         Sí, por que pareces otra persona, totalmente distinta a la mujer de la que me despedí, hace tan solo dos días.
-         No te creas soy la misma, pero ahora ya no tengo dudas, conozco la verdad.
-         ¿Qasid tiene algo que ver en esto?, ¿le viste después de nuestra despedida?
-         ¡Vaya! Ahora eres tú el que dudas de mí, es curioso, pensé que confiarías algo más en la persona que ha hecho a pies juntillas todo lo que tú querías, incluso entregarme en los brazos de mi posible asesino.
-         Eso es un golpe bajo, yo no quería que te fueras con el.
-         Sin embargo no hiciste nada para evitarlo.
-         Lo intente.
-         ¡Por Dios! A eso le llamas intento, a poner cara de mustio.
-         No eres justa conmigo.
-         Tampoco lo eres tú conmigo, desde el momento en que piensas que te estoy llevando a una emboscada, no te necesito muerto, necesito tú ayuda, puedes o no creerme.
-         Está bien, pero yo elijo el restaurante.
-         Por supuesto.- Le contestó María con una sonrisa, que el velo tapaba.

En la comida Mibsan hizo un intento por conseguir más información, pero fue María la que consiguió toda la información que necesitaba sobre Qasid.

No le resulto difícil, Mibsan en su empeño por hacerle ver lo peligroso que podía llegar a ser Qasid para ella y así hacerle ver que el era la mejor opción, estaba enamorado de ella y no tenía nada a su favor después de aquella fiesta en la que no hizo nada por evitar que ella se fuera.

María tenía las cosas claras, ya llegaría el momento de disfrutar con la persona adecuada, ahora necesitaba conocer su objetivo mucho mejor y ponerle a prueba, para conseguir quitarle la máscara y terminar de una vez por todas con él.

9 may. 2011

LOS OJOS DEL DESIERTO VII

            Mientras el coche avanzaba hacía la ciudad, María no podía evitar un sentimiento de culpa, que le rasgaba el alma, por muy fuerte que ella intentara ser, no dejaba de pensar en los últimos momentos vividos con Qasid, en sus manos dibujando su cuerpo, sintiéndole en lo más hondo de su ser.

            Y si todas aquellas palabras hubieran sido ciertas y si el realmente la amaba, podía haberla matado, pero hizo todo lo contrario, la pidió que fuera su mujer, vivir siempre juntos, por que no quería perderla otra vez.
 
            Maria secó sus lagrimas, el la había dado la libertad para elegir y ella le había pedido un poco de tiempo, aunque tenía muy claro lo que tenía que hacer. Le había dado al chofer la dirección de su supuesta amiga en Trípoli, aunque realmente fuera la amiga de Misab, cogería su pasaporte y saldría en el primer vuelo a España que hubiera, dejando atrás todo lo que la atormentaba.

            En la casa de Helen, la única persona que la esperaba era Mibsan y eso la desconcertó, no esperaba encontrárselo allí.

            -¡Hola María! No sabes lo que me alegra verte – El se acercó a ella para darla un abrazo, pero ella se apartó de una manera suave.
- Hola Mibsan! ¿Dónde esta Helen?
            - Tenía trabajo en la embajada, ¿Estás bien?
- No, no lo estoy, pero no creo que te importe ¿Cómo sabías que iba a venir aquí?
            - ¡Sí que me importa! Sabes que estábamos vigilándote, no íbamos a dejarte sola eso ni lo cuestiones ¿Te ha hecho daño?
- No, me lo has hecho tú, con tus mentiras, el no quería matarme, eras tú, así que haz lo que tengas que hacer o déjame marcha, por que yo no voy a ser tú juguete nunca más- Observaba como se dibujaba en la cara de Mibsan la sorpresa y su mirada se volvía interrogante llena de incredulidad, serio como si no pudiera creer entender la duda sobre el.
            - ¡Maria! ¿Qué estas diciendo? ¿Te lo ha dicho el?
            - El no ha tenido que decir nada, sólo que no me quería muerta, me ha pedido que me case con él. ¿Crees que si me quisiera muerta lo habría echo?
            - No, imagino que no, ha debido cambiar sus planes con respecto a ti o lo que es peor se ha enamorado de ti.
            - ¿Peor? ¿Cómo puedes ser tan malvado? El me ha querido siempre y has sido tú el que me ha utilizado para destruirle.
            - Te equivocas María, pero eso da igual ya has entrado en su juego y ahora nada de lo que te diga te va a hacer cambiar de opinión, permíteme una pregunta ¿Le amas?
            - Sinceramente no lo sé, estoy confundida, creo que lo mejor es que me olvide de todo y si no me quieres muerta, cogeré lo poco que conservo y me iré a mi casa a lamer mis heridas sola, una vez más. – El tono de voz se iba quebrando, como si fuera a romper a llorar en cualquier momento.
            - Yo no te quiero muerta María, para mí esta ha sido la peor noche de mí vida, no por que pensará que podías morir, sabíamos que no eran esas las instrucciones, sobre todo cuando salió de la fiesta contigo, hubiera sido un error y Qasid no comete errores, créeme, lo que no soportaba era la idea de verte en sus brazos.
            - ¿Qué estás diciendo?
            - Que eres una mujer increíble y es muy difícil estar cerca de ti y no terminar enamorándose, no puedo culpar a Qasid, pero si puedo odiarle por haberte conquistado, se que todo lo que diga no va a ser creíble después de está confesión, pensaras que todo es por que te quiero para mí, por eso no puedo, ni quiero retenerte aquí, quiero que estés a salvo, aunque sepa que así te perderé para siempre, nunca tuve que haberte metido en esto, te avise de que era muy peligroso.
            - Tú no me amas y tengo la sensación de que Qasid tampoco, me da la impresión de que estoy en una competición de egos masculinos y por alguna extraña razón me he convertido en el trofeo.
            - Piensa lo que quieras, de cualquier manera te he perdido, aunque para que engañarme, jamás te tuve.
            - ¡Tengo que salir de aquí! No quiero oirte más. Eso es lo único que quiero.
            - Helen lo dejó todo preparado, está en esa bolsa de viaje, cuando estés lista llamaré a un chofer para que te acompañe al aeropuerto, no quiero que Qasid sepa que hemos hablado, no le gustaría ¿Puedo darte un beso de despedida? Le preguntó Mibsan con la voz quebrada y la mirada puesta en el suelo.
            - ¿Nunca sabré en que consistía este juego? ¿Verdad?
            - No fue un juego por mi parte, fue la casualidad.
            - Alguien me dijo alguna vez que las casualidades no existen.
            - Créeme, yo no lo planee, sólo tenía instrucciones de averiguar en que bando esta Qasid, nadie sabe cual es su juego o lo que es peor si juega en los dos bandos y tú eras la única que podía desestabilizarlo o cuando menos estar cerca de él, para poder avergiguarlo, nunca imagine que todo fuera a ser tan complicado.
- ¿Complicado?.
            - Sí, por que si el no te quiere muerta, ¿Quien es el que ha intentado matarte?, tanto en el hotel como en la persecución, te recuerdo que te dispararon, mis hombre no fueron de eso estoy seguro y yo tampoco, aunque tú no me creas.
            - Quieres volver a liarme, ¡Hay dios! ¿No vas a parar nunca?
            - Te equivocas, sólo quiero ayudarte y protegerte.
            - ¡Así no se ayuda a nadie, asustandome, esto es un juego no se de quien y la verdad es que no me importa, sólo quiero volver a mi casa, no quiero jugar a ser lo que no soy!.
            - Lo entiendo, dejémoslo aquí, se que estás agotada y llevas razón, es mejor que vuelvas y te pongas a salvo.
.
            Se acercó a ella con intención de darle un beso en los labios, pero María desvió la cara, ofreciendo su mejilla.

-         Lo siento, me he tomado una confianza que tú no me has dado.
-         No importa, lo único que quiero es salir de aquí de una vez por todas, antes de volverme loca.

            Mientras esperaba el vuelo a Madrid, con escala en París, María decidió olvidarse de todo, había sido un juguete en manos de dos enemigos que lo único que querían eran destruirse mutuamente y para ello la habían utilizado, no creía que supieran que es amar ninguno de los dos y mucho menos que sintieran algo así hacía ella, estaba segura de que todo había sido un miserable juego.
 
            Sóla en la cafeteria, le faltaban 2 horas para el vuelo Paris-Madrid y María estaba agotada, no había comida nada en todo el día, y el viaje con escala le estaba resultando agotador.

-         ¿María Vázquez?
María se dio la vuelta, para saber quien la llamaba, se encontró con dos hombres trajeados, uno de ellos le mostraba discretamente una placa.
-         Sí, pasa algo.
-         Tenemos que hablar con usted.
-         ¿Conmigo? ¿De qué?
-         Buscaremos un lugar más tranquilo, ¿puede acompañarnos?
-         No, no puedo, mi vuelo sale ya.
-         Su vuelo sale dentro de dos horas y seguramente usted no irá en él, podemos hacer esto de forma tranquila o podemos llevarla esposada, usted decide.
-         Tranquila.

4 may. 2011

LOS OJOS DEL DESIERTO VI

           INCERTIDUMBRE


 Ya en el coche Qasid no dejaba de hablar alegremente le explicaba que en su casa estaría como una reina y que aplazara el viaje de vuelta a España, para poder pasar más tiempo juntos, comentaba que nunca la había visto tan bella, he incluso tuvo un momento en que le hizo a modo de confesión una advertencia, sobre su amigo Mibsan, que a ella la dejo algo perpleja, por no decir muerta.

-         Creo que le gustas a Mibsan. Le dijo en un tono algo más serio.
-         Si apenas hemos cambiado un saludo.- Dijo ella temiéndose el haber sido descubierta.
-         Ya, lo se, pero le conozco y no te ha quitado ojo en toda la noche, como si estuviera esperando el momento en que yo desapareciera para poder abordarte, nunca le había visto así.
-         Creo que exageras, no se ha acercado a mí para nada.
-         Por que yo estaba a tú lado, créeme, le conozco de hace mucho tiempo y no es trigo limpio, ten cuidado si en un futuro intenta acercarse a ti, no me gustaría que te ocurriera nada.

María fingió una sonrisa, pero por dentro había estallado.

-         ¿Qué te preocupa que me pase algo? Se gritaba hacía sus adentros, ¡Después de ponerme una bomba en mi habitación y perseguirme por toda Trípoli para matarme!

No entendía nada, sus pensamientos iban y venían desde la incredulidad al pánico con tanta facilidad que llegados a un punto no sabía que pensar.
 
¿Cómo iba su asesino a convertirse en su protector? ¿Por qué hablaba así de Mibsan cuando se suponía que era su amigo? ¿Cual de los dos decía la verdad?

Llegados a este punto, su cerebro comenzó a desarrollar otra teoría, ¿No sería todo una estrategia de Mibsan para matar a Qasid? Sería todo una mentira, ¿Quién demonios puso la bomba realmente? ¿Quién de los dos era el verdadero verdugo? Y ¿Quién sería su verdadero amigo? Si es que alguno había intentado ser amigo suyo, por que empezaba a pensar que era una mujer de paja entre los dos hombres.
Un suspiro se le escapo de los labios, Qasid la miró y le dijo:

-         ¡Vaya suspiro! ¿Estás bien?
-         Sí un poco mareada por el champán.
-         No te preocupes que ya estamos llegando.
-        
María, ya no podía estar más preocupada, ahora estaba realmente sola y nadie la ayudaría, si es que realmente alguien la había ayudado.

La casa de Qasid era una autentica fortaleza, hombres de armados en la verja de la entrada los recibieron y a lo largo del camino a la casa, pudo ver varías patrullas a pie que iban con perros.

- De aquí no me escapo ni con alas.- Se dijo para sus adentros


La presión que las manos de Qasid ejercían sobre la cabeza de María, hizo que está abriera los ojos sobresaltada, tardó unos segundos en acostumbrarse a tanta oscuridad, apenas intuía la habitación en la que se encontraban y que tan amablemente le había mostrado unos minutos antes el mismo.

            Se encontraba desconcertada y aterrorizada, pensando si era necesario pasar por aquello o lo mejor hubiera sido gritarle que lo sabía todo y que acabara con ella cuanto antes. Se sentía tan indefensa, tan vulnerable, tan sucia por llegar a esos extremos con tal de salir con vida. Aunque en sus pensamientos era consciente de que igual que la había utilizado en su momento, lo estaba haciendo ahora y ella estúpidamente le servía en bandeja de plata su cuerpo y su vida.

Quería creer que no era Qasid el que la quería muerta, pero como dudar de Mibsan, el la había entrenado y si la quiera muerta lo podía haber echo sin ningún problema.

Qasid ajeno a sus pensamientos recorría con sus fuertes manos el cuerpo de ella, tan pronto se cernían sobre el cuello de María, como las pasaba por su nuca, mientras ejercían presión sobre ella, como si en algún momento quisiera que sus bocas terminaran fundidas en una sola, después las deslizaba a lo largo de su espalda, para seguir recorriendo todos y cada uno de los recovecos de su cuerpo haciéndola sentir mucho más desprotegida si cabe.
 
            No podía evitar estremecerse cada vez que el hacía un movimiento y el pánico se apoderaba de ella, según el iba poseyendo de su cuerpo, la situación comenzaba a sobrepasarla, el corazón iba a más de mil por hora y su cerebre en alerta por el peligro que sobre ella se cernía estaba apunto de estallar en mil pedazos, no podía alejar de su mente la imagen de su cuerpo desnudo tirado en el suelo y su cara destrozada llena de sangre.

            El la llevo hasta la cama, el peso de su cuerpo impedía que pudiera respirar con normalidad, sin poder apartarle, ya que sus manos estaban firmemente sujetas por las de él sintió una extraña mezcla de sentimientos, por un lado se sentía forzada y le resultaba despreciable, quería escapar a todo costa, pero por otro el recuerdo de el amor que había sentido por el, la invitaba a abandonarse a su suerte y disfrutar, ¡Por qué no! De una ultima noche de pasión.