25 oct. 2015

VOLTERRA, UN ENIGMA POR SI SOLA


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Tanto Marta como Beatriz, querían ver Volterra de noche, en pos de encontrar algún vampiro y ver con sus propios ojos, la tan famosa plaza de saga más pastelera del momento.
                                                   
Resultado de imagen de volterraSi os soy sincera, os contaré que la carretera por la que nos llevó el GPS, era bastante angosta, estrecha y en subida, en la cual te podías despeñar al más mínimo despiste, por algunos de sus barrancos y la espesa arboleda, que con el atardecer llegando a su fin y dejando paso a una noche cerrada, remataba la faena acojonando bastante (¡Vale, soy muy cobarde! Y la única que iba mordiéndose las uñas)
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La cosa empezaba a prometer y no para bien. Mi Lucero iba despacio, (más que habitualmente) o sea, podíamos contar las ramas de los árboles y a los seres vivos que sobre ellos habitan (si lee esto, me pide el divorcio, pero y lo seguros que vamos con el, eso no tiene precio, ¿verdad Cosita?).


Nos acercábamos a Volterra. Desde lejos la ciudad de piedra se erguía tenebrosa a la luz de los focos en la base de la muralla de piedra etrusca. Perecía uno de esos lugares indiscutiblemente propensos a esas historias de ancestros perturbados y asesinos malvados y sanguinarios. Vamos que me iba sugestionando poco a poco y a mínimo que viera algo raro, salgo corriendo y no me encuentran ni de coña.
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Aparcados en la zona de autocaravanas, en una arboleda a los pies de una de los arcos de entrada al pequeño pueblo, donde los agüeros de los lados, nos indicaba que antaño esta entrada tenía una gran puerta. Nos preparamos para visitar la pequeña población de noche.
                      

               Cuando bajé de mi casita móvil, me inquieté (sí, mucho más, si eso es posible) de repente comencé a ver lucecillas (¡Y no! No le había dado al tintorro), pero en cuanto fijaba la vista, desaparecían como si no hubieran existido. Una y otra vez se repetía tan curioso avistamiento y siempre con el mismo resultado.

                            
Más mosqueada que una Maruja en horas bajas en un comercio sin rebajas, intentaba sin conseguirlo, averiguar tan peculiar acontecimiento. Eso sí, no decía ni una palabra, no fuera a ser que pensarán que estaba más loca que de costumbre y tomaran medidas al respecto.
    
Entramos por el arco, un agradable sonido anunciaba el agua de una fuente donde, al acercarnos, vimos un pequeño estanque con peces que nadaban tranquilos, mientras los grillos tocaban y las lucecillas brillaban por do quier.

- ¡Ostras, que de luciérnagas!- Exclamó mi hijo, mientras andaba buscando entre las piedras,
-¡Luciérnagas! ¿Las luces que se encienden y apagan?
- Si, mama.
- ¡Pues me estaban asustando, ya empezaba a pensar que tenía visiones!
- ¿Y es que no las ves?
- Tú sigue, que te quedarás otra semana sin cobrar.
    
Es lo que tiene vivir en la ciudad, que hay animalillos que sabemos que existen, pero que nunca hemos visto.

Entre el canto de los grillos y el sonido del agua, en un concierto impecable, conseguían que la paz de una noche estrellada que se extendía por el cielo como una alfombra de Swarovskis, y las pequeñas luciérnagas que se mostraban entre las piedras de los arcos,  fuera más perfecta que una peli de Walt  Disney, sólo faltaba bamby, bebiendo de la fuente.
                   
Subimos las escaleras, a pesar de las agujetas que ya habían echo estragos en nosotros, y llegamos a un pueblo de piedra, de origen etrusco, con calles empedradas y edificios que daban fe de sus orígenes, la noche era cerrada y la escasa iluminación hacía que fuese fácil trasportarse, sólo algún rotulo aislado que otro, anunciando restaurante o tienda de souveniers, podían sacarle a una, de la fantasía de recorrer unas calles llenas de historias.
                    
Las niñas, entraron en la Piazza del Priori, pero se les hizo pequeña y no se ajustaba a lo que se ve en el cine, faltaba la fuente del centro. A sí que volvimos a recorrer las calles, para llegar a la conclusión, en el cine hay mucha mentira, tal y como nos había recordado una y otra vez mi querido Lucero, cuando juraban y perjuraba que esta era la plaza.  
                             
A la mañana siguiente volvimos al pueblo, las luciérnagas descansaban y la fuente continuaba canturreando su melodía, mientras los peces disfrutaban de un fresco baño, en un día que apuntaba maneras para deshidratarnos sin contemplaciones.
     
      

Ruinas etruscas por doquier, que dan testimonio de treinta siglos de historia. Edificios de la edad media, con pequeñas calles empedradas, dentro de la muralla etrusca, que en sus mejores tiempos midió más de 7 Km. Todo ello salpicado por las llamadas casas Torres, que nos recuerdan tiempos del poderío de sus habitantes, y como no “El Castillo Dei Priori”, en la plaza que lleva su nombre, el más antiguo de la toscaza y del que se dice fue modelo para el Palazzo Vecchio, en Florencia. La plaza continúa con el Palazzo Pretorio, con la torre Merlata del Modesta, justo enfrentito del Castillo Vamos un deleite para la vista, una explosión de sensaciones, una galería de arte, arquitectura e historia, difícil de olvidar. Un lugar mágico, lleno de secretos a cada paso que se da.
        
        
Sobre la Acrópolis, evidentes son los restos de dos edificios templarios y como no uno de los símbolos de Volterra, Porta all’ Arco (siglo IV a.C). El complejo de Vallebona y el teatro de la edad augustea con las termas del siglo IV d,C.

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Pasada la plaza de la Catedral, donde las cúpulas desafían al cielo llegamos a un museo con las máquinas de tortura de la época, y las pequeñas y empedradas calles, adornadas con flores para la ocasión. Chocaba frontalmente, con una concentración de Porsche en medio de la plaza Priori, los había de todos los colores, y aunque los amantes de este vehículo no cabrían en sí de gozo, a mi me pareció un sacrilegio, ya que aunque no restaba belleza a la hermosa plaza, era como pegarle un possit a un Renuart.
 



Por una de las entradas, la más visitada por la dichosa película, llegamos a las ruinas de un teatro romano, es curioso como siendo tan pequeña la población, tiene tanto arte, de tiempos tan diferentes, como si hubieran querido dejar una muestra de todas las etapas por las que estas tierras tan bellas de la toscaza han vivido y como no para rematar, los acantilados que se muestran desafiantes, entre arboledas y prados de colores vivos y es creo que la naturaleza reclama su espacio, no sólo el hombre es capaz de crear tanta belleza.

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17 oct. 2015

De LUCCA A PISA


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Entre las ciudades de Pisa y Florencia, se encuentra Lucca, una preciosa ciudad medieval amurallada, que se conserva prácticamente intacta, gracias a que no fue atacada.
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La mejor manera de ver esta ciudad es en bici, ya que el tráfico está restringido.
     
Nada más pasar por los arcos de las murallas, uno es consciente de que esta ciudad es un pequeño tesoro, los edificios de ocres desgastado, pero con aspecto señorial, no tienen nada que ver con la gran catedral de San Martín, construida en mármol verde y blanco.


         
    Callejeando encontramos mil y una curiosidades, torres de la edad media en las cuales colgaban grandes relojes, que miden como pasa el tiempo, ese tiempo tan preciado y tan escaso del que todos queremos disponer. Y entre calles de edificios de ladrillos rojos, entre el cielo y el suelo, que diría la canción, a la sombra de las encinas, uno se queda con la boca abierta, viendo desde allí la ciudad que la rodea y que tanto encanto tienen, la torre Guinigi, recuerda aquellas torres que en la edad media se extendían por toda Lucca, mostrando el nivel económico del que gozaban algunos afortunados en esta ciudad y que el tiempo y el hombre han hecho desaparecer. 
                                               
         
   La plaza del anfiteatro, es otro de los lugares que uno no puede perderse, le debe el nombre a su forma ya que se construyó sobre las ruinas de un antiguo anfiteatro. Los edificios que la rodean, no guardan una altura homogénea, ni un color, ni siquiera son edificios decorados y señoriales, más bien todo lo contrario, aquí en sus tiempos se ponían los puesto del mercado, un mercado sencillo, imagino que es precisamente esto lo que hace que este plaza sea tan concurrida, al igual que lo fuera en antaño, ahora los puestos del mercado se han convertido en restaurantes que intentan saciar el apetito de tanto visitante...

                        

  

  Nada más salir de la plaza y callejear un poco encontramos un pequeño restaurante donde comer, en un pequeña plaza y disfrutando de las vistas de Frediano una iglesia construida en el siglo V.

      


      Las calles se tornan familiares cuando paseas por ellas durante horas, la Casa de Puccini, las plazas e iglesias, comienzan a formar parte de la visión de esta pequeña ciudad. Y es entonces cuando una es consciente de que la visita llega a su fin, aunque seguramente falta mucho por ver y mucho más por descubrir. ¿Y no es esa la excusa perfecta para volver, a tan maravillo lugar?

      


De Lucca a Pisa, apenas hay 20 minutos, estuvimos hace 8 años, pero como era un viaje organizado, apenas nos dejaron en frentito de los tres monumentos tan conocidos por todos, los vimos, fotografiamos, compramos y de vuelta al autocar.
         
En esta ocasión, nosotros recorrimos parte de esta ciudad mundialmente conocida, por una pequeña torre, cuya inclinación la hace única y un duomo de mármol, majestuoso, y es lo que tiene Italia con sus pueblos y ciudades de calles empedradas y con cientos de estilos diferentes, me gustaron sus edificios ocres y los de piedra, nos hicimos las fotos de rigor, bueno esas y todas las que se nos ocurrieron, por que la variedad a crecido con los años y es a cual más disparatada, además fotografiamos a un montón de turistas, que viendo el cachondeo que teníamos se nos venían arriba y nos solicitaban una igual, hasta mi hija que suele ser borde con los desconocidos, se ofrecía a realizar las fotos, mientras se moría de la risa.
    

Una tarde provechosa como diría Marta, que disfrutada desde primera hora de la mañana, como si fuera lo ultimo que iba a ver, cada pueblo, monumento o lugar, la hacían soltar un ¡A la!, que nos producía cierta sensación de felicidad, era su primer viaje fuera de España y después de ver lo mucho que le gusta, creo que nos acompañara en muchas más ocasiones.



Cuando la noche caía nos dirigimos al parking, en el que por cierto cogieron wifi, había que ver a nuestras dos internautas más experimentadas, andar a la vez, mientras subían y bajaban los brazos, en un extraño baile dedicado al todo poderoso mundo de la red.
                


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