12 dic. 2015

ROMA           
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            Aunque todos los caminos conducen a Roma, a nosotros nuestra casita móvil nos llevo a Ladispoli, una pequeña población, donde había un área con vistas al mar, dejando Roma a tan sólo 30 kilómetros, y es que cuando una está apuntito de fundirse, bajo un sol de justicia, por mucha belleza que se encuentre en el camino, necesita un remojón y hundir los pies en la arena, que con las caminatas que nos damos, ya ni siquiera, queda mas espacio en la piel para ampollas, por no hablar del moreno albañil que empezaba a hacer estragos en nuestros cuerpos y aunque sólo sea por compensar, de vez en cuando hay que ponerse el bikini y aprovechar los rallitos de sol, en esas zonas sensibles de enseñar.
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            Dicen de roma que es la ciudad eterna, pero nuestras vacaciones no, así que un par de baños y una noche junto al mar, era suficiente para seguir nuestro viaje.
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            El área de Roma estaba a la entrada de la Vía Appia y era un lugar encantador, atendidos por una pareja muy agradable que nos facilitó, toda la información necesaria, para sacarle el mayor de los partidos a nuestra estancia en esta maravillosa ciudad. Eso no significaba que nosotros no fuéramos a hacer de las nuestras.
          
            Como no podía ser de otra manera, para iniciar nuestra primera salida por la ciudad, en vez de coger el autobús que había en la puerta del área, nos empeñamos en buscar el metro, que estaba a 20 minutos (si yo soy así, hago difícil los fácil) y todo por comprar los billetes para el transporte, que luego supimos, se podía comprar en una oficina turística cercana o en el mismo autobús.
        

                                         


    Llegamos al Vaticano, bajo un sol de justicia 40 grados a la sombra, se derretían hasta los santos, cerca de la una de la tarde y la cola para entrar ha la catedral de San Pedro, rodeaba toda la plaza. Después de esperar cerca de veinte minutos nos dicen que vamos en tirantes(se nos olvidarón las chaquetas)
, que digo yo que los santos no se van ha escandalizar por ver unos hombros rojos como tomates, por falta de protección solar, decidimos irnos a comer y comprar un par de pañuelos, para volver a la carga a eso de las 15:30, entramos primero al museo vaticano, mientras recorríamos las estancias que muestra las zona egipcia, unos de los guardas, me comenta algo sobre mis pies, que no entendimos bien, aunque una de las niñas, me dijo que era que le había gustado, que pensé pa mis adentros, claro viene la gente tan tapadita, que apoco que ve algo de carne, se ilusionan, eso ó es un fetichista descarriado.


 
              

                                                   
            La verdad es que es un lugar increíble, tienen de todo y todo muy bueno, que se ve la calidad, mármol, oro, plata, hasta momias egipcias, riquezas de todas partes del mundo, que lo dejan a uno perplejo, pero mi , el lugar favorito es la Capilla Sixtina, es un lugar increíble y eso que estaba tan abarrotado de gente que apenas se podía andar. Conseguimos sentarnos unos minutos y disfrutar de tanta belleza. Se conoce como la capilla que pinto Miguel Ángel, pero en realidad fue pintada por Pietro Perugino, Sandro Botticelli, Domenico Ghirlandaio, Cosimo Rosselli, coadyuvados por sus respectivos talleres y por colaboradores, como Biagio di Antonio, Bartolomeo della Gatta y Lucas Signorelli. Sobre la bóveda, Pier Matteo d'Amelia pintó un cielo estrellado. La realización de los frescos tuvo comienzo en 1481 y se concluyó en 1482.  Miguel Ángel en 1508, fue quien pintó la bóveda y los lunetos, en la parte alta de las paredes. Con tanto genio dándole al pincel, es normal que el resultado fuera tan sumamente impresionante.
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   Embobados con tanto arte, decidimos volver a probar suerte en la Catedral de San Pedro, los pañuelos dieron sus frutos y por fin pudimos acceder, aunque hubo un momento de crisis, cuando una chica alemana a la que no dejaban pasar, les puso finos, diciéndoles que a nosotras no nos habían puesto objeciones a la falda y que llegaba por el mismo sitio que la suya. Los hombres la terminaron por dejar pasar, ya que la pobre llevaba razón y creo que tenía más que ver con el físico que con el largo de la falda. Que no es que yo sea guapa, pero debo reconocer que tanto mi nuera Marta, como mi hija Beatriz son dos preciosidades de chiquillas. Una vez la dejaron pasar, se disculpó en ingles, su intención no era incomodarnos si no que no la discriminaran. La tranquilizamos, por que nos parecía que llevaba razón y seguimos nuestro camino.
               
                                         
              

            Hay sitios que no se pueden describir, tanto el museo del vaticano como la catedral, son indescriptibles, es por ello que no lo voy ni a intentar, simplemente hay que verlo y disfrutar cada instante, respirar hondo y sentir cuan especial es todo aquello que nos rodea, cuanto significa para muchos y aunque no soy católica, debo reconocer que estos sitios tienen una energía especial, tantos fieles depositando esperanzas, anhelos, sueños y demás, termina por contagiar a aquellos, que como yo, hace tiempo que no esperan un milagro.
                                   

7 dic. 2015

DE MONTERIGGIONI A SIENA

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    Nuestra idea era dormir en Siena, pero terminamos en medio de los campos de labranza, entre olivos y viñedos, a los pies de la muralla de Monteriggioni. Donde el silencio invitaba al descanso, tan ansiado después de un día lleno de emociones.



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            Monteriggioni, es un pequeño pero encantador pueblo medieval, rodeado por murallas construidas en el siglo XIII por los señores de Siena para controlar la vía Cassia, que discurría a través de Val d'Elsa y Val Staggia. Con catorce torres, que ya nombró Dante en el infierno de la Divina Comedia (Canto XXXI del Infierno), comparando las catorce torres de Monteriggioni con un círculo de gigantes rodeando el abismo infernal y por las que hoy puedes pasear, por las pasarelas que las bordean

             
            Las puertas de la muralla se abren ante nosotros, mostrando una vez, como los italianos han cuidado de su patrimonio, trayendo edad media a nuestros días, a través de estas construcciones tan bien conservadas, por si esto no fuera suficiente, lo aderezan con mercadillos medievales que hacen las delicias de grandes y pequeños.

              

            Paseamos por las pequeñas calles, fuimos de norte a sur y de este a oeste. En una visita corta, pero deja muy buen sabor de boca y no me refiero sólo al café.

                  

 20 kilómetros separan Monteriggioni de Siena otra joya de esta tierra increíblemente bella y que nos tiene totalmente embelesados.

    


         

   En Siena agradecimos en el alma, las escaleras mecánicas para subir a la zona más turística de la ciudad. Donde la catedral Duomo di Santa Maria dell’Assunta cuya fachada rayada por el verde-oscuro y coloreada por el rosetón de la Última Cena, se abre desde paso desde las estrechas calles, para mostrar todo el poderío de la iglesia en esa época. Il Duomo esconde una cúpula impresionante y un campanile cuyo número de ventanas crece en función de la altura, convirtiéndose en el punto de mira de la ciudad medieval.




Resultado de imagen de siena italiaEn La Piazza del Campo, se encuentra el Palacio Público, del Siglo XIV, cuya torre (llamada del Mangia) busca el cielo con su perfecto remate almenado. Es en esta Piazza donde se celebra la famosa fiesta del Palio, que comienza con el desfile de los Mazzieri (Pregoneros), tras ellos los Centuriones, los representantes de los contrade y por último, el carro tirado por bueyes que porta el palio, premio que se entrega a la contrada vencedora. Todo con una estética medieval digna de ver. Los corredores con sus respectivos caballos toman la salida cuando suena las campanas del Mangia y caiga una soga (canapo) al suelo, dando tres vueltas a la plaza, ganando sólo uno de los diez participantes.

                     
       

Recorrer la ciudad es un placer, tanto en arquitectura, como en los detalles de gran belleza que cubren sus fachadas, uno no sabe donde mirar, cada calle, cada plaza, cada edificio conservan el sabor añejo y cautivador del ayer, pasado y presente de la mano en busca de un futuro, donde poder seguir disfrutando de tanta belleza.

                              

La Piazza de San Francesco, regida por la gran Basílica de San Francesco, construida en el Siglo XIII. La Vía dei Rosi hasta que la seccionó Via Banchi di Sopra, la avenida más importante por sus comercios, sus boutiques y los hoteles de lujo.

Recorrer Los arcos de la Loggia della Mercancía y tesoros renacentistas como La Fuente Gaia. Y algún que otro lugar que se me escapa, por algo soy Odry, desastrosa y sin remedio.
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