16 ene. 2016

ROMA II



                   
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            Con la tarde el calor sofocante del mediodía, se iba atenuando levemente, el momento ideal de buscar una heladería y tomar lo más frío que tuvieran a mano, para hidratarnos y seguir paseando por la ciudad eterna.
          
                                            
            Bajamos por la Via della Conciliazione, admirando el Pazzo Torlonia y la Iglesia de Santa Maria Trasportina, hasta llegar al Castillo Sant’Angelo, también conocido como el Mausoleo de Adriano, quien comenzó su construcción. Cruzamos el río Tiber por el puente que lleva el nombre del Castillo, para adentrarnos entre las callejuelas que te llevan de una iglesia a otra, de una plaza a otra, mostrando el día a día de los romanos, sus restaurantes, tiendas, monumentos, fuentes y demás, haciendo las delicias de cualquier turista.
                                 
Del silencio de las calles menos transitadas, hasta la Piazza Navona, donde la algarabía de los turistas, entre los puestos de artesanos y pintores, mezclado con terrazas llenas de gente que toman su peculiar “Aperitivo” como antesala a la cena, muestran una ciudad desbordante de alegría y buenas sensaciones      
                  




            El frescor de la Fontana del Moro y un atardecer dorado, nos invitaba a seguir caminando dirección Piazza della Rotonda, para admirar el Pantheon. Coger la Via dei Pastini y llegar al II Tempio de Adriano, de ahí al Palazzo Cipolla, Colonna de Marco Aurelio y entrar en la Fontana di Trevi, que para nuestro disgusto, estaban restaurando, aún así y por encima de los cristales, con riesgo de escalabramientos, ya que muchas de las monedas tiradas por tanto turista desesperado, rebotaban y volvían cual bumeran sobre nuestras cabezas. Obsesionados por garantizar una vuelta a esta ciudad tan bella, que nos engancha con su historia y nos deja disfrutar en el presente de los restos de un pasado glorioso.
                      

                    


                

Resultado de imagen de PARQUES DE ROMA DE NOCHELlegada la noche, agotados por el calor y las caminatas recorriéndonos media ciudad, decidimos volver. Cuando llegamos a la estación desde la que partimos aquella misma mañana, la ciudad había cambiado. Aunque también podía ser que nosotros hubiéramos salido por otra puerta, el caso es que no reconocíamos nada, la noche lo hacía todo diferente como si nada ocupara su sitio y no teníamos ni pajolera de idea de volver a la Vía Appia, menos mal que tenía apuntado en una libreta las coordenadas, se las pusimos al móvil. El puñetero se empeño en meternos por encima del puente que no daba salida a la calle donde estábamos pernoctando, y es que cinco metros de altura, le hacen a una pensarse si saltar o no, que fue que no. Hubo momentos de desesperación, de acordarme del inventor del GPS y todos los que presumen de haberlo mejorado, por no hablar de la de veces que estuve apuntito de estrellarlo contra el suelo y es que ni Dora la exploradora hubiera sido capaz de encontrar el dichoso acceso a la Via Appia. Tardamos más de hora y media, hasta que descubrimos, como demonios bajar del dichoso puente para llegar, ya que las vías del tren estaban en medio y no había manera de atravesarlas.
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            Una hora y media da para mucho y tuvimos de todo, gente que nos ayudaba, gente de la que nos escondíamos, túneles oscuros y lúgubres, calles muy iluminadas, parques con gente que dormía en ellos y barrios del extrarradio, pero ninguno tenía la dichosa salida. Hasta que al fin, llegamos a un punto por el que habíamos pasado con nuestra casita móvil y seguimos el mismo camino. Allí estaba nuestra pequeña y empedrada calle, la misma en la que se iniciaba la Via Appia Antica donde estaba el área.
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            Sacamos nuestras mesas y sillas y cenamos a la luz de las velas, descalzos sobre la hierba, que nos proporcionaba cierto placer, después de un duro día, con mucha risas y la sensación de haber vivido otra desventura, pero es que ya sabéis. ¡Soy Odry, desastrosa y sin remedio!

3 comentarios:

  1. Es un placer volver a Roma de tu mano, que diferentes ciudades las que descubrimos cada uno.
    Besos

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  2. Ya te digo, sobre todo si te pierdes de noche, ja ja ja ja
    Besotes.

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  3. ¿Cómo era eso de " todos los caminos conducen a Roma pero no a la inversa"?

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