12 abr. 2016

VERONA

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           Nuestro viaje estaba llegando a su fin, pero no quería despedirme de Italia, sin pasar por Verona, una preciosa ciudad conocida por una de las historias de amor más famosas conocidas.

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  La primera vez que visité Verona, fue en un viaje organizado. De esos en los que te levantan a las seis de la mañana, te hacen correr de un lado a otro durante todo el día, dejando que te detengas únicamente en las tiendas de regalos, donde el guía se lleva comisión. Por no hablar de la comida, te pasas los 7 días comiendo pasta y carne en salsa en la comida y en la cena, el mismo menú, por si te quedan dudas de lo que comiste el día anterior, y lo peor es que cuando llegas al hotel no sientes los pies y no consigues recodar en que lugar estas y que demonios has visitado, por que tienes un batiburrillo de mucho cuidado, que ya no sabes si vas o vienes y el único consuelo que te queda, es el de que has hecho fotos que acreditan que estuviste allí, para dar constancia del relato a tu regreso. Pero a pesar de todo fue uno de los viajes más divertidos que hemos hecho en nuestra vida. Una profesora Enriqueta y su hija abogada Belén, formaron con nosotros una de las pandillas más divertidas a la que he pertenecido y a la que se fue apuntando gente, una pareja de Barcelona con sus dos hijos preadolescentes y un matrimonio que viajaba con su hijo de 20 años y trillizas idénticas de 19 lo que termino convirtiendo la parte trasera del autobús, en zona de cachondeo asegurado por diversificación.

              
      
        ¡Perdón! Que me disperso, de Verona en aquel momento vi más bien poco, La Arena, las casas de Romeo y Julieta y las calles más transitadas. Hace cuatro años volví con mucha más calma y descubrí una ciudad fascinante y encantadora. llegamos al atardecer y aquella noche la opera sonaba en la arena, pasear por la historia con banda sonora, es un lujo que pocos sitios ofrecen, claro está, que siempre puedes llevar los cascos puesto, pero ya te digo yo, que no es nada romántico.
               
              En esta última visita no faltaron las catástrofes que nos acompañan en pos de hacer honor a mi logo de «Desastrosa y sin remedio». Para seros sincera, estoy pensando seriamente cambiarlo, aunque no por ello sería menos desastrosa, en está ocasión sólo me cargué una ventana de nuestra casita móvil, pero nada que nos impidiera seguir el viaje.
               
              Es más, nada más pasar las murallas en la plaza a los pies de La Arena, había una degustación de vinos, quesos y productos autóctonos, con lo cual ya me fui animando y dejando atrás el disgusto de la ventana y es que soy de fácil conformar, sobre todo si hay un buen caldo de por medio y no me refiero al cocido.
              
              Pasear por las calles de Verona tanto de día como de noche, tienen siempre su recompensa y nosotros la disfrutamos, era nuestro último destino, el tiempo se acababa y al día siguiente debíamos emprender el regreso, la pena y la nostalgia se amontonaban entre nuestras sensaciones que eran muchas y mal avenidas, todavía nos quedaban días de descanso, pero teníamos que irnos despidiendo de Italia y os aseguro que eso cuesta mucho. Adoro este país, es increíblemente bello, no sólo por los pueblos y ciudades visitadas, si no por todos aquellos que por falta de tiempo, no pudimos visitar, aunque si ver desde nuestra casita móvil, que es la mejor manera de recorrer un país como este.

                
                       

    
              El regreso es mejor, cuando se disfruta de todas las playas que te encuentras y pasando por un montón de pequeños pueblecitos franceses que son una belleza, uno de los que más me gusta se encuentra muy cerquita de Andorra, está amurallado y los artesanos que lo habitan, hacen las delicias de todos sus visitantes. Una vez en Andorra hay muchas cosas que se pueden hacer y no precisamente visitar sus bancos, tan en boca de todos estos días, si no por que teníamos entradas para el circo Soleil, un espectáculo difícil de describir por su belleza y que no seré tan estúpida como para intentarlo si quiera, además de disfrutar de sus lagos, paisajes y como no sus tiendas que atraen a propios y extraños como la miel a los osos.

                
                
                 
Nuestro viaje termino con unos días de descanso en un camping junto al mar, disfrutando del diluvio universal que nos calló a los dos días de estar allí, parte del camping se inundó y hubo que desalojar a un montón de campistas, por no hablar que nuestros vecinos casi nos fríen, con un corto que se produjo en su puesto de luz, pegado a nuestra casita móvil. Todo el viaje acompañados por los 38 a 42 grados y nos paramos en la playa a ponernos morenos y casi nos freímos, mientras nos ahogamos, pero esa soy yo.
¡ODRY DESASTROSA Y SIN REMEDIO!