8 oct. 2007

UNA NOCHE EN EL TIEMBLO

La noche era muy fría cuando todos salieron de la casa, dejando un silencio sepulcral, me fui a la habitación, todavía me dolía mucho el estomago, en esos momentos pensé, los médicos te recomiendan que bebas agua con la historia que es buena para nuestra salud y yo que soy la única que la había bebido, me encontraba fatal.

Mire por la ventana la niebla no dejaba ver más allá de la acera, me dio un escalofrió y decidí meterme en la cama, pensé que seguramente tendría fiebre, mi propio entró en el cuarto y me pregunto en voz bajita.

Propio - ¿Cómo te encuentras?
Yo – Me duele, pero un poco mejor.
Propio – ¿Quieres que te traiga algo?
Yo – No, gracias.
Propio – ¿Quieres que te deje descansar?
Yo – No creo que pueda pegar ojo.

Propio – Entonces me quedo aquí contigo, ya he apagado todas las luces, y todas las ventanas están cerradas.

De repente un siseo fuerte, nos sorprendió.

Propio – Has oído eso.
Yo – Sí, parecía que nos mandaban callar.
Propio – No serán estos que han vuelto a gastarnos una broma.

No me dio tiempo a contestar el siseo mucho más fuerte que el anterior volvió a resonar, como si estuviera allí con nosotros.

Propio – Voy ha echar un vistazo, que seguro que son estos.
Yo – Te acompaño
Propio – No estas tus como para defender nada, quédate en la cama, que seguro que no pasa nada.

Recorrió toda la casa con mucha cautela, miró en la habitación de enfrente, cruzó el salón en dirección al pasillo, a la izquierda la cocina, a la derecha la puerta de la calle y la del baño, volviendo después a la habitación.

Propio – Nada, la puerta esta cerrada y por la mirilla no veo a nadie, voy ha echar un vistazo a la calle por si estuvieran escondidos, detrás de algún coche, para gastarnos una broma.

El siseo volvió mas fuerte, y yo por mas que miraba por la ventana, ni veía a nadie, ni oía absolutamente nada, nunca fui miedosa pero aquella situación no me gustaba nada, era una casa desconocida en la que estábamos pasando una Semana Santa con unos amigos en un pueblo llamado El Tiemblo, como yo me encontraba mal decidimos quedarnos, pero según pasaba el tiempo, me iba arrepintiendo, imagino que sería la angustia de sentir que algo no iba bien.

Propio – Voy a echar otro vistazo.
Yo – Pues yo no me quedo sola, te acompaño.

Volvimos a mirar en la habitación de enfrente, la registramos de arriba abajo, en el salón tampoco había donde esconderse, encendimos la luz del pasillo y miramos en la cocina, todo estaba en orden, la ventana cerrada y no había lugar donde esconderse, nos dimos la vuelta en dirección al baño y es cuando los dos nos quedamos muertos, no éramos capaces de movernos, ni siquiera de echar a correr, mis piernas no me respondían y no podía articular palabras, los dos mirábamos atónitos como la puerta de la calle la cual mi propio había cerrado con llave, cuando todos se fueron, se cerraba delante de nuestros ojos, pero lo que más nos impresionó es ver como la mano que cerraba la puerta permaneciera en ella incluso cuando la puerta quedo totalmente encajada en su marco, sólo unos segundos depués aquella mano sin cuerpo desapareció ante nuestros ojos, cuando conseguimos reaccionar los dos corrimos hacia la puerta para abrirla, pero la puerta estaba cerrada con llave. Nos miramos sin comprender nada, mi propio busco la llave, abrimos la puerta, pero no había nada, ni nadie.

En esos momentos el terror nos pudo y los dos decidimos irnos a buscar a nuestros amigos, no queriamos permanecer solos en aquella casa, que nos mandaba callar y en la cual las manos no van acompañadas de un cuerpo.

4 comentarios:

  1. Joé!, todavía estoy acojonada. Nena, como escribes, y encima has sido breve y concisa ¡qué envidia!.

    Besitos.

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  2. ostras!!! como para quedarse a dormir, quita,quita.

    un beso desde mi caja.
    pandora.

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  3. Y no piensas decir nunca qué pasó?
    Joooo yo he estado en el Tiemblo muchísimas veces y es cierto que el ambiente por la noche con el pantano al lado es un poco agobiante pero a parte de unas cogorzas de campeonato nunca me pasó nada
    Un beso

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  4. Cruela mi niña es que te parece poco ver manos sueltas por una casa. Para mí fue mas que suficiente para salir corriendo. Aunque seguramente hoy en día después de todo lo que me a tocado de ver, ya ni me inmutaria.

    Un beso a todas mis chicas.

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