11 feb. 2008

LA PLUMA DEL ESCORPIÓN 2 PARTE Y NO POR ELLO LA ÚLTIMA

Por supuesto Ángela que era una mujer de armas tomar, puso de patitas en la calle a su hasta aquel día, querido Roberto, proponiéndose dejarle sin blanca.

Lo que es el destino, ¿verdad? Ángela comenzó los tramites de separación, busco el mejor abogado, para poder desplumar a su marido, y en estas estaba cuando un día llamo a su puerta dos agentes de policía.

- Policía: ¡Buenos días señora!
- Ángela: ¡Buenos días!
- Policía: Estamos buscando a la señora de D. Roberto Cortijo.
- Ángela: Exseñora de D. Roberto Cortijo, si no le importa.
- Policía: Están separados.
- Ángela: No estamos en trámites.
- Policía: Pues creo que se lo va usted ahorrar.
- Ángela: ¿Cómo dice?
- Policía: Nada, es que hemos encontrado a su marido, en el río.
- Ángela: ¿Pescando?, mira que a él le daban asco los peces, pero bueno.
- Policía: No estaba en su coche.
- Ángela: ¿Lo han detenido por aparcar en el río?
- Policía: Es que estaba dentro.
- Ángela: Como si lo viera, con lo cabezón que es se empeñaría en aparcar en primera fila, pero como si se ahoga, a mí ya me importa un bledo.
- Policía: Pues de eso se trata, su marido ha muerto.
- Ángela: ¿Se ahogo?
- Policía: No, le pegaron un tiro y lo lanzaron al río dentro de su coche.
- Ángela: ¿De verdad? Mi Roberto
- Policía: Sí, y además nos gustaría que nos acompañara, para identificarle y testificar, sobre que es lo que hizo usted anoche.
- Ángela: Esto es indignante, ¿creen que yo le mate?
- Policía: Nosotros no podemos decir nada, sólo queremos que nos acompañé.
Clara miraba a su amiga, en pocos días su vida había cambiado tanto, que era difícil saber como lo asumiría. Ángela, aunque aparentemente estaba tranquila, sobre todo después de que el Juez la dejara en libertad sin cargos, podría romperse en cualquier momento.

- Clara: Quieres que me quede contigo esta noche.
- Ángela: Ya te he dicho que no te preocupes, estoy bien y tengo un montón de cosas que hacer, buscar todos los papeles necesarios que Jorge necesita.
- Clara: Si necesitas algo me llamas.
- Ángela: Gracias.

Una vez en soledad Ángela se metió en el despacho, para buscar los dichosos papeles, después de estar dos horas buscando, leyendo y clasificando, solo le quedaban unas cartas que ella pensó eran de la empresa por que estaban escritas por Jorge, el marido de su amiga y socio de su marido. Pero según iba leyendo su cara iba desencajándose, no entendía nada, o lo que es peor comenzaba a entendiéndolo todo.

Roberto, esto tiene que cambiar, no puedo seguir así. Está mujer va ha terminar volviéndome loco.
Te necesito, y necesito saber que lo nuestro es tan importante para ti, como lo es para mí, sino, no podré seguir fingiendo con el adefesio de Clara.
En realidad, no se porque no nos fugamos a un lugar donde nadie nos conozca y podamos estar juntos tú y yo, sin nada que nos juzgue, no tener que ocultarnos nunca más, ni avergonzarnos de este gran amor que sentimos.
Por favor, prométeme que pensaras en ello
Espero tú respuesta.
Siempre tuyo Jorge.

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