12 nov. 2009

¿QUIEN DIJO QUE SER MARUJA, FUERA FACIL?

¿Quién me iba a decir a mí, que proclama a los cuatro vientos que quería ser mujer florero? Que sólo tres semanas más tarde, echaría de menos trabajar.

Y es que yo pensaba no tengo tiempo, por que entre el trabajo, la casa, los niños y demás no doy más de sí. No es que mi Lucero no me ayude, pero el pobre tampoco aparece mucho por casa, y cuando aparece, parece que viene de la guerra, pero es lo que tiene trabajar unas 14 horas diarias y dormir 6 o 7 cuando hay suerte.

Por eso cuando terminé el contrato, pensé ahora me voy a tomar un tiempo, por eso y por que con 4.000.000 de parados, no voy a ser yo, la que salga primero de las listas del paro, no nos vamos a engañar, decidí ponerme al día en un montón de asuntos que tenía pendientes por falta del dichoso tiempo, y ahí estamos poniéndonos al día tres semanas después, y lo que me queda.

La primera semana, me las prometía yo felices con un planning de trabajo que ni los deportistas de elite, paso corriendo entre las visitas al paro(con unas colas que daban la vuelta al edificio a eso de las 6:00 de la mañana, para poder coger un número que daban a eso de las 9:00, que es cuando abren y que te atiendan a eso de las 2:45 si tienes suerte y llevas todo lo necesario, que si no te toca repetir al día siguiente toda la operación, pero con el agravante que como sabes lo que te espera encima estas cabreada como una mona, a la cual no le dan sus cacahuetes), a correos, para recoger lo de la dichosa tasa de la basura, que Gallardon ha pensado mejor certificada por si estos listos quieren escaquearse de pagarla y ya de paso al que no este en casa que aguante una cola de una hora treinta minutos en correos, que como hay mucho parado así les entretenemos y para más cachondeo, te pone en la carta el royo de la ecología, que dije yo, haber, que creo me han tomado por lerda, si nos ponen 4 cubos diferentes para que no mezclemos las basuras, nos abren puntos de residuos donde tú tienes que llevar los trastos, que no digo yo, que eso esté mal, pero que ya estamos haciendo nosotros prácticamente todo el trabajo, pues encima nos cobran. Y ¿no sería mejor cobrar a todos esos que pasean con su perrillo y no son capaces de recoger lo que estos ensucian?, que hay en multas tienen un filón, al menos en mi barrio, y es que yo lo vería como una medida educativa, que nunca es tarde. Al que tire cosas al suelo o crea que la calle es un gran cubo de la basura que le multen (disculpar pero es que hoy estoy muy reivindicativa), pero es que con la tasa, parece que nos multan a todos por si acaso.

En fin que en mi segunda semana, decidí pintar, que mis preadolescentes, parecen que comen en las paredes en vez de en los platos, y los churretes formaban una espesa capa gris que hacía difícil la identificación del color original de las paredes y os puedo asegurar que discretos no eran precisamente los tonos de mi casa, que parece la casa de Andy Warhol.

Había que verme pintando, no había parte de mi cuerpo que no estuviera llena de pintura, ni pelo sin su gota correspondiente, pero salí airosa, hecha un cristo pero contenta. Los nuevos tonos me entusiasmaron tanto, que decidí cambiar algunos detallitos que dieran un aspecto mas renovado si cabe a mi hogar, claro, una empieza por unos detallitos y termina haciendo unos planos impresionantes de todas las habitaciones de la casa (a escala eso sí, que yo soy una profesional) dispuesta a realizar esos cambios que llevas tiempo planeando.





Todo esto por supuesto a espaldas del pobre Lucero, que cada vez que entraba por la puerta se le caían unos lagrimones que pa que te cuento, y aunque el no hacía mas que decir que era algo de alergia, yo sospecho que no, a mí me da que está más relacionado con ver los cubos de pintura, los muebles desarmados y los libros de bricolaje de la biblioteca y es que mi Lucero siempre a dicho que los programas de bricolaje eran un destroza familias.

Así llegó mi tercera semana en la que me dedique a limpiar todo lo que había manchado la semana anterior, además de coser cortinas y cogines, montar los muebles del Ikea, que buenos no son, pero chica, te hacen muy buen apaño y la casa parece otra, por si eso fuera poco en los poquitos ratitos que me quedaban, tenía que cortar el pelo a los niños, al marido, a la vecina y al perro por que no lo tengo, ¡gracias a Dios! Que si no también lo tenía que podar.

En fin esta es mi cuarta semana y no doy más de sí, la cosa no avanza y yo hecho de menos mis momentos de relax, hablando con mis compañeras, que las pobres aguantaban estoicamente todas mis frustraciones, claro esta que no les quedaba otro remedio, ya que no podían irse de su puesto de trabajo, pero eran adorables

Cuando me fui alguna hasta me dijo que me echarían de menos(es broma) Lo mejor que me e llevado después de tres años trabajando es la cantidad de gente que he conocido y merece la pena, todas y cada unas de ellas, han sido más amigas que compañeras y las hecho muchísimo de menos por que hacían que mi trabajo fuera tan fácil y ameno, que disfrutaba haciéndolo y eso no creo que lo vuelva a encontrar nunca.

Así que ahora estoy mucho más agotada, que cuando me levantaba todos los días para ir a trabajar y es que ser Maruja es agotados.

Bueno para que vamos a engañarnos, ser mujer es agotador.

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