26 jul. 2012

BAJO EL SOL DE BONASTRE

       
  
   De nuevo en la marcha, como todos los años, en cuanto a mi Lucero le dan luz verde, cual Fernando Alonso, se pone al volante de nuestra casita-móvil y empezamos rodar. Este año por España, haber si levantamos el País entre todos. Donde nos lleve la carretera, los amigos, las bestias pardas (entiéndase hijos a los que hay que querer, eso dice mi madre), que nos imponen una semana en un mismo lugar, para poder relacionarse, con otros animalillos de su especie.

En fin, que lo único que sabíamos es nuestro primer destino y que dado lo prontito que empezabamos las vacaciones este año, coincidió con la noche de San Juan. En un pueblecito de bajo Penedés con unos amigos de los que os he hablado mil veces y que han cambiado de destino, se han llevado su alegría y su huerta, para  empezar una nueva aventura en la que espero les vaya muy, pero que muy bien.
 
No voy a negar que durante el camino, hubo mil conjeturas sobre el nuevo destino de nuestros amigos, ya que en el último, nos sorprendieron en un pequeño y frío pueblo de Soria, casi deshabitado, donde no llegamos a ver ánimas, sí gente maravillosa y encantadora. Así, que alguna que otra chufa surgió, sobre las anécdotas vividas con ellos, que no son pocas y sobre todo divertidas.

Os confesaré, que cuando el GPS nos indicaba, que sólo quedaban unos kilómetros, a mi me cambio el gesto, entre árboles y arbustos se abría la carretera que nos llevo hasta un encantador pueblo situado entre viñedos y olivos, con la tierra de un color rojizo intenso, a lo lejos se abría el mar, ese Mediterráneo al que cantaba Serrat y otros muchos, con sus azules aguas mansas, que tan buenos ratos me ha hecho pasar en sus orillas.

Una vez en la acogedora casa, ya decorada con el estilazo de mi querida amiga, mientras el frió cava entraba por mi garganta seca, mis ojos se encontraron ante la ventana de madera del salón, desde la cual se veía un paisaje que dudo mucho vaya a olvidar, por un momento me traslade, me olvide de donde estaba, para sentirme como Diane Lane en bajo el sol de la toscaza, vale es una peli dulzona, pero que esperabais si me pirrian las pelis imposibles, en fin que me han ganado para la causa y que lo único que siento es que cada vez se vayan un poquito más lejos.
 
Esta tierra de cava y noches mágicas, nos hizo pasar unos de los las mejores momentos de mi viaje, compartimos conversación, mesa y bailoteo, con la gente del pueblo, que gracias al encanto de mis amigos, nos acogieron como uno más y nos trataron tan bien que casi nos compramos una casa derrumbada que esta enfrentito de la de mis amigos y de la cual me enamore locamente.

Sólo tenía una pega el precio, aunque mis hijos le pusieran más, como que sólo existían unas paredes, ni ventanas, ni nada. Pero yo les decía, son las paredes más bonitas que he visto nunca.

En fin que espero que algún día bajen el precio y quien sabe, lo mismo antes de que se caiga entera, puedo comprarla y vivir mi propio sueño, “Bajo el sol de Bonastre”.