16 ago. 2017

GENGENBAH Y EL ENCANTO DE LO SENCILLO


Por la tarde llegamos a Gengenbach, un pueblecito de cuento que tiene un área de autocaravanas, super mona y cuidada, en pleno valle, me sentía cual Heidi (ya se que me he desviado un poquito) pero era tan cuqui, como su pequeño, pero adorable pueblo.

Cuenta con unas casitas típicas, casi todas alrededor de una preciosa plaza, que en un día tan caluroso, estaba llena de gente que iba y venía, algunos comprando en sus puestos, un sin fin de productos locales y otros disfrutando de las terrazas con las cervecitas de rigor, helados y vinillos de la tierra, que ha sido otro de mis descubrimientos (de Dora la exploradora a Cristóbal Colón hay un paso).




Los vinos alemanes no suelen llevar tapón de corcho, de ahí que yo pensara que serían tan malos, como el que venden en el Ikea (Sí sólo a mi se me ocurre probar, no tengo remedio).





Los vi en fribourg y compré una botella, tenía muy buen precio y pensé “de algo hay que morir” . Al contrario de lo que creía, me gustó. Bien es cierto, que como dice mi Lucero, mi opinión no es buena, porque me gustan todos.



Era un vino blanco, joven y afrutado, que resultaba delicioso, sobre todo cuando tomas una copita muy fría al atardecer, disfrutando de todo el recorrido hecho durante el día y agradeciendo que el sol de una vez por todas, vaya desapareciendo, a ver si llega algo de brisita. Que no me he venido yo hasta Alemania, para sufrir un golpe de calor. En fin, al final mi Lucero se decidió a probarlo (va a ser igual de hocicón que yo) y tubo que darme la razón, aunque no encontramos botellas con tapón de corcho, no significa que no merezca la pena disfrutar de un buen vino y un gran momento.

En fin delicateses aparte, nada más poner los pies en la plaza una pareja de estudiantes se acercó a nosotros, nos explicaron en tres idiomas diferentes (no capte bien ninguno de los tres, todavía sigo perfeccionando el castellano) que estaban estudiando español y que si podían hacernos unas preguntas, para un trabajo, les contestamos -¡Encantados! Nos echamos unas risas. Nosotros le contábamos nuestra vida y ellos escribían tres palabras, imagino que luego ampliarían ( porque si no más que un resumen, es un telegrama), diccionario en mano o traductor de Google, que me he quedado muy antigua.


Cuando íbamos dirección a la iglesia, volvieron a interceptarnos, otros tres estudiantes, con la misma copla, volvimos a responderles con el mismo cachondeo. Pa qué preguntan, si no ponen na de lo que contamos, mucha guasa, muchas gracias y a seguir la visita.




Caminabamos por una de las calles y otros tres (apuntito estuvimos de darnos la vuelta, pero nos portamos bien, para no provocar turismofobia), ya no hizo falta que nos dijeran más, mi Lucero se adelantó:




-          ¿Estudiantes de español? ¡Para un trabajo de Clase! ¿No?
-          ¡Sí! - con carita de “nos hemos perdido algo”
-         -  Apunta guapo, venimos en Motorhome, que lo llamáis aquí, es nuestra primera visita a Alemania y lo que más nos gusta además de la arquitectura y belleza de sus pequeñas y grandes poblaciones, por no hablar del precioso y frondoso bosque, son sus habitantes, muy buena gente, agradable, educara y muy trabajadora, que estamos en Julio y no dejáis de darle al intelecto. Muchas gracias y que saquéis muy buena nota.¡A le!
  

Los pobres nos miraban como si nos acabáramos de escapar del manicomio y para mí que no les parecimos fiables, porque a estos si que nos les vi apuntar nada.

 


Entramos de nuevo en la plaza, para volver a nuestra casitamovil y aparecen las dos primeras, cámara en mano, por lo visto la profe no se fiaba y quería una prueba de que realmente habían hablado con dos españoles. Nos hicimos la foto y nos marchamos, habría que ver esa clase intentando convencer a la profe, que éramos los mismos españoles con los que habían hablado todos.
  





14 ago. 2017

Triberg


El calor era intenso y decidimos que era buen momento para visitar Triberg, un pueblecito adentrado en la montaña, con una gran casa cuco y unos saltos de agua en el bosque, todo aparentemente muy fresquito y tentador.



Poco o nada sabíamos de la arquitectura de sus casas o de lo que nos íbamos a encontrar, que no fuera lo anteriormente mencionado, así que cual Dora la exploradora, blusita sin mangas (desde que estamos en Alemania, no bajamos de 38 graditos) pantalón corto y sandalias. Y mi Lucero que me mira y se atreve a decirme:


-   A ver que yo lo entienda, ayer que fuimos a una ciudad la mar de cuqui, te plantas las playeras, camiseta y peto vaquero y hoy que vamos a caminar por el bosque, te pones sandalias y monísima de la muerte. ¿Me estoy perdiendo algo?

-   ¡Sí, una leche! ¡Calla y anda! - Aunque tenía razón, la verdad es que no me había parado a pensarlo siquiera, sólo que hacía mucho calor y yo iba quitándome complementos.

Lo primero que hicimos, fue dirigirnos a la oficina de turismo, donde nos dieron el plano y nos mandaron al bosque, para disfrutar de los saltos de agua, además de decirnos donde se encontraba “la casa cuco”, según el señor ¡5 minutos!

Vimos un grupo de gente que caminaba hacía al bosque y nosotros les seguimos como corderitos, entusiasmados por la visita y el frescor que venía del riachuelo que bajaba, entre árboles y arbustos, hicimos un montón de fotos, como si no hubiéramos visto un árbol en nuestra vida.

Hay dos caminos, uno corto, para personas con problemas o simplemente vagos y uno largo, estuve indecisa (soy vaga ¿y qué?) pero mi Lucero me dio un empujón y me dijo

-   ¡Andar!
-   ¡Que sólo estaba mirando cual era el más bonito! - no coló.
-    Tu si que eres mona ¡vamos!

El paseo fue de lo más agradable, aunque casi me da un pasmo, cuando vi correr lo que parecía una rata, en realidad eran ardillas, que iban y venían en busca de cualquier fruto seco, que muchos visitantes les iban tirando.


Por lo visto, en este salto se comenzó a aprovechar la energía que genera la caída del agua, hace mucho tiempo, por ponerle a tanta locura un poquito de historia.


Lo peor fue la salida (cualquier día me da algo), cuando me di de bruces con el cartel de 4 euros la entrada, nos habíamos colado sin querer No imaginamos que los alemanes, le pusieran puertas al campo, pero es que tampoco había nadie en la puerta, sólo la caseta con un señor, como todo el mundo pasaba, pensamos que sería el guarda, y si que era el guarda y el cobrador. Cualquier día termino entre rejas por hocicona y cegatona (palabrita, que un día de estos, me vuelvo a poner las gafas).

Fuimos a dar un paseo por el pueblo y sus peculiares tiendas de regalos, al cual más extravagante y de paso buscar la dichosa casa cucho, lo de los cinco minutos de esta gente, es para hacérselo mirar, como llega está gente a los sitios, volando, porque si no, no me lo explico. A no ser que en vez de 5 dijera 50, que pa mí que su pronunciación no era muy buena.



Después de una búsqueda infructuosa, volví a mirar el mapa,
-   Te digo yo, que esto no está a escala
-   ¡Que brutita eres!, no será que está escondida.
-   ¿Dónde, en los saltos de agua, por qué tú me dirás? ¡Si son cuatro casas!

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Comenzamos a dejar el pueblo, cuando nos encontramos la dichosa casa cuco, frenazo y visita ultra rápida, porque es “cuqui”, pero tampoco como para quedarse a vivir.


Lo peor es que después descubrimos que había dos, somos unos turistas penosos…





12 ago. 2017

Friburgo



Amaneció un día totalmente distinto, ni una nube a la vista, era un día fresco, pero soleado y estábamos cerca de nuestro destino.

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Resultado de imagen de friburgo Yo iba preparada para el fresquito y la lluvia de Alemania, era verano, pero mujer prevenida vale por dos. Me había informado del tiempo en internet y al parecer, iban a bajar las temperatura y aseguraban lluvías (de leches si los pillo), típico al parecer de estos lares, ya que Alemania no se caracteriza por su clima tropical, (al menos eso creía yo) Así que, como estábamos cerca, me puse el chándal gordo de felpita (no intentéis imaginarlo) la camiseta de manga larga y una buena chaqueta forrada de borreguito, preparada para lo que pudiera venir y echa un cristo, pero como aquí no me conoce nadie, aprovecho, para no pasar frio.

Resultado de imagen de friburgo alemania turismoAl final del día, estaba al borde del soponcio, y eso que en la auto hay aire acondicionado, ya había guardado la chaqueta, cambiado camiseta de manga larga, por camiseta de tirantes y me había arremangado los pantalones, por encima de la rodilla, no daba para más, si no los dejo a la altura de las ingles (brasileñas), ¡Qué calores! maldiciendo el puñetero  cambio climático y a los meteorólogos de las 10 páginas de internet que miré, antes de hacer la maleta y que tienen el mismo nivel de aciertos, que yo como bruja en prácticas con mis predicciones, creo que incluso menos, estos van a hacer daño, que yo llevo armario en mi casita-móvil, pero ¿y el pobre que viajé en low cost y solo pueda llevar una maleta, vuelve con sarampión?

 

Pensamos que este sería el único día bueno, infelices, pues no nos quedaba por sudar la gota gorda, no volví a ponerme ni una chaqueta, ni un pantalón largo.










Nuestro primer destino Friburgo


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Mi Lucero se empeña en que practique mi inglés (todo para guasearse, que lo habló de pena, penita, pena) me achucha cual yorksire, para que pregunte a todo ser viviente, en busca de información. Se burla, me mosqueo, le digo “¡Te la has cargao!” y me ignora. Lo que viene siendo un clásico del verano, que llevo con la paciencia que me caracteriza, o sea, ninguna.

   Friburgo, es una preciosa ciudad, puerta a la Selva Negra, donde te encontraras; una universidad con cientos de jóvenes que alegran sus calles, edificios curiosos, con relojes antiguos, donde la historia va de la mano del Macdonal de turno, que haciendo gala de su espíritu Yanqui, “la publi es la publi”, pone su nombre en la torre más antigua y bella de la ciudad, eso sí, con las letras caracterizadas, todo un detalle a la hora de jorobar un monumento.


Majestuosa e impresionante, la catedral bordeada por una plaza, donde los puestos de flores, embutidos, frutas, verduras y demás, la hacen más peculiar si cabe. Callecillas con el encanto de antaño, donde el agua circula por pequeñas canaletas entre la calzada y la acera, un rio, que cruza parte de la ciudad, a veces rodeado de parques, a veces por debajo de los edificios y mil curiosidades que uno debe descubrir por si mismo, porque leerlo no es igual de divertido, que te lo digo yo.



 Ahora si tuviera que quedarme con algo, me quedaría con su gente, bastante agradable, simpática y paciente, ha sido el descubrimiento que hemos hecho este año y es que los Alemanes son bastante educados y cordiales, yo los imaginaba más serios o distantes, lo dicen todo con una sonrisa, que ilumina sus rostros y te hacen sentir como en casa, es verdad que no tengo ni idea de que me dicen, pero es muy agradable encontrarte con gente a la que no le cuesta mostrar su mejor cara.



Visitar Alemania, creo que ha sido un acierto, era nuestra primera vez y la verdad es que nos ha roto todos los esquemas que teníamos con respecto a este país y a sus gentes.


9 ago. 2017

DE CALELLA AL CIELO

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Los días en Calella fueron muy divertidos y eso que el clima nos dio la espalda. Con el verano que llevamos, sin bajar de los treinta y tantos y nada más llegar, caen en picado las temperaturas. No pude lucir ni uno de los modelitos de verano que llevaba para el festival de cine, por no hablar de los tacones. A ver quien es la guapa que recorre los quince minutitos en bici por caminos de tierra, que nos separaban de Calella. Ya que nuestro área de autocaravanas estaba en Pineda del Mar. Aun así, dimos paseos por la playa, ahorrándonos el peiling en los pies. Después de los temporales, en vez de fina arena, había una tierra áspera que te desollaba viva, lo compensamos, colándonos en el hotel de nuestros amigos, para disfrutar de su jakucci. Cenas, fiesta y muchas risas, lo único malo es lo rápido que pasa el tiempo, cuando uno es feliz.

 

Tres días después pasamos la frontera francesa y por si con mi Lucero no tuviera ya bastaste, el Tomtom haciendo honor a su nombre, se hizo el sueco y nos hizo un recorrido turístico de lo más “cuqui momix”, eso si, con unos 200 kilómetros de más ¡Puñetero!



Resultado de imagen de saint flour No sé, si la culpa fue mía por no actualizarle o de mi Lucero por negarse a coger autopistas de peaje. Dice que ya paga bastantes impuestos, que si hay alternativa hay esperanza. En este caso, no era la nuestra. Lo único que espero, es llegar algún día, porque a este paso, entre el tour turístico del TomTom y la cabezonería de mi hombre, lo mismo tenemos que planear este mismo viaje al año que viene, claro que actualizaré el Tomtom, por que sí no, veo que de aquí sale una saga de los más completita.


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Decidimos buscar donde dormir, ya que la cosa se estaba poniendo feas, estaba anocheciendo y vimos a un lado de la carretera un par de lobos grises, lo que nos acojono bastante. Pasamos cerca del Viaducto de Garavit (realizado por Eiffel) y decidimos parar en algún lugar seguro, no fuera a ser que los lobos no hubieran cenado.


Esto nos llevó a un pequeño pueblo en lo alto de una montaña, que parecía hubiera esculpido sus cimientos en la roca, haciendo que ambos se fusionaran en una sola pieza, Saint Flour.
   

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Da igual que ruta elijamos para cruzar Francia, siempre descubrimos pueblecitos increibles, de los cuales jamás hemos oído hablar, aunque en ocasiones estrangularía a mi compañero de viaje, gracias a su cabezonería conseguimos descubrir unos lugares llenos de encanto, historia y belleza.


El pueblecito sólo tenía una pega, estaba en todo lo altito de la montaña y claro nosotros oxidaditos, ambos dos, de llevar todo el día con el culillo pegado al asiento, nos pesaba todo.
Cuando salimos a caminar, estábamos arrecidos de frio, me puse hasta el plumas, pero a la mitad del camino, me sobraba hasta el gersey, no os quiero contar cuando llegamos a la cumbre, si voy en bikini, hago “Top less”.
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Lo único bueno de visitar estos sitios en las alturas, son las bajadas, a poquito que te hagas bola, ruedas hasta el valle más próximo, en nuestro caso, como yo, ya ando fatal de la cabeza, preferimos asegurar y bajar andando, no fuera que me quedara peor de algún golpe en cualquier obstáculo o esquina.

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Dormimos como angelitos y desconectamos el Tom Tom al día siguiente, artitos ya de dar vueltas por Francia como un YO-YO

3 ago. 2017

VACACIONES Y OTROS DESASTRES

             
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  No hay viaje que se precie, al que mi Lucero, no decida ponerle emoción. En este caso, nuestra pesadilla comenzó, cuando decidió repostar gasoil. El muy petardo había aprovechado la reserva al máximo, antes de parar. Su idea era llenar lo máximo posible antes de entrar en Francia. Por eso de la diferencia de precios en los carburantes, se supone que es mucho más barato aquí, aunque luego nunca se sabe, depende más de si estas en peaje o carretera comarcal, en los peajes nos crujen a todos y por todo, en las carreteras comarcales, puedes elegir y son mucho más considerados, en fin que mi Lucero se las prometía muy feliz, hasta que paro. Había que ver la cara que se le quedo a mi chico, cuando el muchacho de la gasolinera le dijo, que no funcionaban los surtidores, por un corte de luz.
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Descompuesto, como si hubiera visto a un fantasma entro en la auto, apuntito de darle algo, sólo de pensar que no íbamos a poder llegar. Diciendo eso de ¡Esta era la última vez (después de las 80 que llevamos) que me pasa esto!    

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Que pensaba yo, para mis adentros, esto no se lo cree este ni “jartito vino”. Me puse manos al Google map y busqué la gasolinera más próxima. Mientras mi Lucero, se aferraba al volante en postura de corredor profesional de bicis, agazapado y todo, como si el hecho de que se inclinara hacía el volante, pudiera dar velocidad a nuestra casita móvil. Era del todo surrealista y bastante cómico, de no ser porque la siguiente gasolinera se encontraba a 20 kilómetros y el deposito no daba más de sí.

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El momento de máxima tensión llego cuando yo tenía localizada a escasos 3 kilómetros una gasolinera y el señor dice, que no se sale del peaje, que es un follón.

-          ¡Un follón es recorren 17 kilómetros andando guapo! Uno entra y sale del peaje las veces que sean necesarias, sobre todo si no quiere que su mujercita lo estrangule el primer día de vacaciones.

Pero el señor que hace lo que le viene en gana, siguió aferrado a su volante, con cara de velocidad inclinado cual Indurain en sus mejores tiempos, dejando el vehículo caer en las bajadas y haciendo gestos estrambóticos en cada subida, como si el movimiento del cuerpo de atrás hacia a delante, le diera impulso al vehículo.
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Que lo único que impulsaba, ya te digo yo, era mi mala leche, que me daban unas ganitas de darle un collejón por cabezota, que no os imagináis.
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Después de los 5 peores minutos en ruta que hemos tenido este viaje (Estamos hablando de el primer día), llegamos a la siguiente gasolinera, casi con el impulso de la bajada, porque la pobre auto, ya no tenía ni aire en el depósito.






Lleno y se subió a la auto con un aire, de “Ves lo he conseguido” que casi me da un parraque, pero en fin, respiré muy hondo y pensé, es mi chico y en el fondo, muy en el fondo, le quiero, por no hablar que era el primer día de vacaciones, he íbamos camino de la playa, que eso aunque no lo creáis con los calores que estamos pasando este año en Madrid, es un punto muy a su favor.
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GENGENBAH Y EL ENCANTO DE LO SENCILLO

Por la tarde llegamos a Gengenbach, un pueblecito de cuento que tiene un área de autocaravanas, super mona y cuidada, en pleno valle,...