En Quimper se mezcla las leyendas pasado con la historia de sus inicios, lo seguro, es que los romanos pasaron por allí dejando
alguna muestra que ha llegado a nuestros días.

Mi única recomendación es callejear por sus calles y seguir la orilla del río Odet, cruzar sus puentes románticos, he incluso pasar por encima, ya que alguna parte del río, pasa por debajo de las calles o edificios, es imprescindible para encontrar esos pequeños detalles, que a veces no figura en las guías, pero que puede llamar nuestra atención y hacer que nuestra visita pueda ser diferente a aquello que nos invitan a ver, todos llevamos en nuestro interior un explorar dispuestos a buscar algo que o nadie vio o nadie mencionó .
Describir tanta belleza es imposible, ya sabéis que no sólo no soy buena escribiendo, si no que además soy un poco desastrosa
o mucho, para que negar la evidencia, describiendo, pero como trasmitir lo que sientes, lo que hueles, lo que te rodeada, edificios medievales con mil detalles a destacar, calles empedradas, puentes con flores y el agua corriendo
salvaje en busca de su libertad, hay algo más «Chic».

Accidente aparte, en una de las calles, encontré una tienda de decoración, me vuelve loca, ese estilo de madera envejecida
por el tiempo, haciendo bello hasta los pequeños defectos (lo siento, salió de mi, la cursi que llevo dentro). Tapicerías con algo de añejo, pero reluciente he impecables y el gusto por el detalle más pequeño en todo
lo que tiene que ver con la decoración.
Visitar la catedral y las pequeñas plazas, mientras el sol va diciendo adiós, anunciando una noche mágica, donde la luz de
las farolas, sacan lo más hermoso de cada edificio y dejando a uno preparado para seguir soñando una noche más, con todo lo que ha vivido, visto y disfrutado, de un viaje que empezó desde la inconsciencia de ver los monumentos
más turísticos y que al final, nos ha absorbido de tal modo, que hemos terminado por sentirnos parte de sus gentes, pueblos y curiosidades mil.
Cada día despertamos en un lugar diferente, lo que hace que a veces perdamos el sentido de donde nos encontramos, está vez
un pequeño pueblo, «Locroman», cuenta con la etiqueta de uno de los pueblos más bellos de Francia y la verdad es que hasta su historia invita a ello, por lo visto los celtas lo eligieron para un «nementon», un recorrido
sagrado jalonado con paradas que simbolizaban los meses del año.
Si algo nos acompaña en este viaje, además de los gerseys a rayas blancas y rojas, que parece que viajo con Willy, es la magia de muchos de sus lugares, donde o bien las leyendas o bien los monumentos
y restos arqueológicos encontrados, nos invitan a ello y no es que se me haya pegado nada, por que soy igual de negada como tarotista, no te cuento como vidente, si cada vez veo menos, voy a terminar cegatona perdía. Así
que me conformo con admirar la belleza y cotillear las curiosidades de sus leyendas, que no por asombrosas son menos creíbles.
A partir del siglo XIV, gano riqueza y belleza debido a sus tejidos para velas, las calles se adornaron con adoquines que son autenticas obras de arte en el suelo, sobre todo se pueden ver alrededor de la iglesia. Los pequeños comercios conservan sus fachadas y carteles sin neones luminosos, con un atractivo especial, donde los artesanos especializados, muestran sus obras.
En fin que me pongo pedorra y cursi, Estas historias merecen profesionalidad (que no tengo) ingenio (ni de coña) y mucha
fiabilidad (desastrosa y sin remedio, ¡no te dio más!) Descubrir el mundo por vuestros ojos y no se os olvide, que sólo vuestros recuerdos son lo suficientemente importantes como para trasmitir vuestros viajes.