16 dic. 2019

DEL DESIERTO DE MORZOUGA A LOS POZOS DE FEZNA





Ocho de la mañana y todos en pie para desplazarnos a un nuevo destino. Si ya se lo que estaréis pensando; ¡Por fin, salimos del desierto! Pues no os lo vais a creer, pero apuntito estuvimos de quedamos allí.


 No podíamos irnos del desierto sin liar alguna. ¿Quién fue el ilumínati que decidió hacer una foto con todas las caravanas alienadas y el hotel de fondo? No quiero mirar a nadie, para que no me llamen acusica, pero a tenor de cómo se desarrollaron los acontecimientos, creo que no fue la mejor de las ideas de este viaje, aunque debo reconocer que nos reímos unas “Jarta” con la experiencia.

Nadie se paró a pensar en los bancos de arena, que parece mentira que no fuéramos conscientes de que estábamos en el desierto. Alguien dio la orden y todos comenzamos a situarnos, ahí, como si estuviéramos en el parking de un centro comercial.

 El Karma fue el causante, según algunos, por el cachondeo que tuvimos con el pobre novio y su frustrada noche romántica. El mismo Karma que, causó más de una baja en las neveras de las autos. Había que ver como rulaban esas cervezas de nevera en nevera como la falsa moneda. En nuestro caso el Karma y no las indicaciones de nuestro joven y magnifico fotógrafo Borja, hizo que nuestra caravana se diera un baño, pero de tierra, una vez intentamos sacarla de aquel banco de arena, en el que estaba clavadita.

El desierto nos atrapó, al igual que lo hiciera el cepo de Dubrovnik. Intentaron sacarla marcha atrás, pero viendo que aquello iba de mal en peor, se pasó al plan B. Hubo comité para resolver el problemas, con David a la cabeza, que haciendo gala de su buena preparación, sacó las eslingas de las que, hasta ese preciso instante, no tenía ni idea de lo que eran y el engranaje se puso en marcha.

Tomás ofreció su autocaravana para remolcar y una vez trazada la vía de escape para mi casita-móvil, todos comenzaron a preparar el terreno para tan complicada misión, difícil es sacar un coche, pero una casita-móvil, con todos sus complementos, son palabras mayores.



Retiraron la arena de las ruedas, al principio con manos y palos, creo que fue Manolo o Toño, el que apareció con una pala, mucho más eficiente, donde va a parar. Buscaron maderas y losetas de piedras, para que las ruedas tuvieran donde agarrarse, Paco intentaba inmortalizar el momento, no sin guasa el puñetero.



El mismísimo MacGiver se hubiera sentido orgulloso de este grupo. Tomás se puso al volante, Antonio hizo lo propio y al grito de ya, los motores comenzaron a rugir. Unos segundos después, nuestra casita-móvil salía de las arenas el desierto, cual Laurens de Arabia victorioso.


Nuestro primer destino "Los Pozos de Fezna".


Era viernes y al pasar por los pueblos, pudimos observar, tal y como nos comentó David, que los lugareños, iban ataviados con sus mejores galas de camino a la mezquita, ya que es día de rezó.


En que momento, comenzaron a aparecer a lo largo del camino cientos y cientos de pozos, que emergían de la tierra, cual queso gruyer. No estoy segura, pero si que le daban al paisaje un matiz, nunca visto por mí hasta ese momento. ¿Cómo era posible, que en aquel lugar desértico, hubiera habido tal cantidad de agua, como para abastecer a tantos pozos?  Sencillo, el agua venía del subsuelo, traído hasta aquí, con ingenio y mucho trabajo, a través de galerías desde el subsuelo de las montañas.


Al visitar uno de estos pozos. Fuimos conscientes de la dura y rudimentaria forma con la que habrían escavado de forma manual, aquel laberinto de galerías subterráneas. Controlando el tiempo de permanencia en aquel lugar, a través de su único reloj, “El sol”.


El pozo estaba adornado con cientos de velitas que iluminaban el camino a seguir, el lugar no podía ser más novelesco y bucólico. Caminamos por algunas galerías entre las penumbras de aquel increíble lugar, intentando inmortalizarlo todo, mientras nos imaginábamos a duras penas, lo brutal que habría sido trabajar allí, donde uno termina por perder la noción del tiempo y no es consciente de si en el exterior es día o noche.


Me resulto impactante aquel lugar, lo que es capaz de hacer el ser humano por subsistir. Bajo aquella tierra árida y seca, se hallaba un gigantesco hormiguero, capaz de unir a través de sus galerías, casas y pueblos, por el bien más preciado, el agua.


No faltaron anécdotas y curiosidades que nos fascinaron, en un momento donde las máquinas y la tecnología lo rige todo, el tiempo aquí, había quedado anclado en una forma de vida sostenible. Si hubiera un apagón tecnológico, esta gente seguiría con su forma de sobrevivir, sin ningún problema, mientras nosotros, simples mortales enganchados a la tecnología, terminaríamos volviéndonos locos.

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