Mi
madre es una mujer peculiar y me quedo corta. Yo la he dejado cinco minutos de
reloj en la puerta de una tienda y cuando he salido le estaba contando a una
señora con todo lujo de detalles nuestra vida.
Lo malo
no es que le vaya contando a la gente nuestra vida, lo preocupante es que la
acababa de conocer y más preocupante aún, es que yo tenga sus genes. Solo hay
que leer este blog para darse cuenta de ello.
Suena
el teléfono y miro la pantalla a ver quién perturba mi paz. Veo que es mi madre
y pienso: «Algo le ha pasado que ya hemos hablado dos veces esta mañana».
—¿Qué
te pasa?
—La
tele no se ve, me dice que no tiene señal de antena.
—¿Le
has hecho algo?
—No que
le voy hacer… —Me contesta mi madre como si fuera inocente.
—¿Seguro,
madre? —Vuelvo a preguntar.
—Bueno…,
he trasteado un poquito. Pero empezó ella diciendo eso que te acabo de leer.
—¡Voy
para ya!
Me
pongo el abrigo, cruzo la calle que nos separa y pienso para mis adentros: «¿Porque
no me habré ido a vivir más lejos? Y me respondo: Porque no me gusta conducir
y me iba a pasar todo el día en la carretera»
Llego
al portal de mi madre y el telefonillo no funciona, le doy una y otra y hasta
diez veces, que me digo: «—Nena no seas burra que te lo cargas». Y justo en ese
momento se me enciende la bombillita. Cojo el móvil y llamo a mi santa madre.

—¡Mama, abre! Que tu telefonillo no funciona.
—Si
estaba bien esta mañana.
—Estaba,
pero ya no lo está.
Madre
que se empeña en abrir desde su casa, yo que la vuelvo a llamar para que baje y
así hasta que consigo que lo entienda. Baja las escaleras y le pregunto:
—¿Tenéis
luz? —Aprieto el interruptor y no se enciende la lámpara del techo.
—¡AAaaa!
Pues no. Espera que te cuente. —Y me hecho las manos a la cabeza. —Mi vecina y
yo hemos bajado el diferencial porque la luz de la escalera se quedaba encendida.
—¿Y no
podías haber bajado solo el interruptor del alumbrado? Si quitáis el general, os
quedáis sin telefonillo, sin el repetidor de antena y sin cualquier otra cosa
que esté conectada.
—Era
por no malgastar energía.
—Ahorrar,
vais ahorrar de lo lindo porque no va a funcionar nada.
Madre
que sube el diferencial del portal y yo que subo a echar un vistazo a la
televisión, no vaya a ser que tenga que hacer dos viajes. Móvil que me suena e
hija que llama desesperada.
—¿Qué
te pasa? —Le peguntó mientras trasteo en la configuración del televisor.

—¡Mama! Dame la receta del arroz blanco en olla exprés que si no, no me da
tiempo de comer antes de irme al trabajo.
Comienzo
a darle la receta mientras y veo que mi madre tiene la antena en analógico.
—¡Mama!
¿Has puesto la antena en analógico? —Le dijo, mientras Beatriz hecha el ajo y
el laurel para rehogar el arroz.
—¡Si,
claro! —Me dice ella muy dispuesta. —Para que veas que no soy tan torpe como
crees. Han dicho en la televisión que van a dejar de emitir y yo ya lo he
cambiado para adelantarme
Hija
que interrumpe: —¡Mama! Que ya le he echado el arroz y lo he rehogado, ¿cuánta
agua tengo que echar?
—¡El
doble hija! —Y me vuelvo hacía mi madre. —Mama, cambian a digital, el analógico
es que desaparece. Te dije que no hacía falta que lo tocaras.
—Ya, pero
como se ha ido la antena…, he pensado, esto va a ser el apagón digital.
Hija
que insiste al otro lado de la línea: —¡Mama! ¿cómo se cierra la olla! Que no
puedo.
—Pon el
botón hacía la izquierda.
—La
tuya o la mía.
—Si
estas delante de la olla, en el de las dos.
—¡Oye,
nena! Te voy a enseñar los retales que te dije que te tenías que llevar. —Dice
mi madre, mientras Beatriz sigue histérica intentado cerrar la olla.
—Espera
mamá, que Beatriz tiene crisis culinaria. —Le digo a mi madre y habló con mi
hija. —¿La has puesto en salida de vapor?
—Sí,
pero se ha quedado pillada, la he cerrado a lo bestía y creo que va a explotar.
—¿Cómo
que va a explotar? — Preguntó, mientras mi madre se empeña en enseñarme unos
retales de Maricastaña.
—¿Cuál
te gusta? —Me dice, mientras la niña está dando bocinazos al otro lado de la
línea.
—¿Quieres
que vaya en un momento y lo arregle? —Le peguntó a mi hija y mi madre saca otro
retal más. —Pero, ¿Cuántos retales has comprado?
—Tú tía
que me los ha dado.
—Y no
me extraña, con lo feos que son.
—¡Mamá!
¿Qué hago? —Grita mi hija al otro lado del teléfono.
—Apagar
el fuego, intentar abrirla y mientras tanto corro para allá. —Salgo pitando por
la puerta. —Mamá otro día vengo y me enseñas más.
—No, ya
no te enseño más, que dices que son feos.
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Ni me
molesto en contestar que veo que me toca llamar a los bomberos porque la olla
de la niña explota en cualquier momento.
—¡Ya
estoy saliendo! —Le digo a mi hija que sigue al otro lado del teléfono.
—Ya no
hace falta mamá. He conseguido abrirla y cerrarla bien. Voy a freír los huevos.
—¿Seguro?
—Preguntó expectante.
—Sí,
mami, que te pones de los nervios en seguida. Si yo lo tenía controlado, solo
quería la receta.
Dieciocho
veces le he dado la receta del arroz blanco y las dieciocho veces, me ha hecho
lo mismo. Cuelgo el teléfono y me vuelvo a casa con el corazón a mil por hora,
que cualquier día me da algo.