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Tras la lotería de Navidad, (enhorabuena a los afortunados, ya os digo que no es mi caso) comienza ese periodo de tiempo, en el que los buenos sentimientos brotan por doquier, la gente se vuelve más amable, se recauda dinero para las ONGS y se intenta ser mejor persona.
Pero yo, yo soy Odry y los desastres se ciernen sobre mí como un agujero negro.
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Como me lo quitaron cuando iba a pasar por caja, anulé la tarjeta en menos de dos minutos.
El problema no es que te roben,
al fin y al cabo, apenas llevaba unos céntimos de euro, el problema es el
papeleo: poner la denuncia, renovar el DNI, la tarjeta sanitaria, el carnet de
conducir, el abono transporte, etc…
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En cuanto llego a casa me pongo manos a la obra con el ordenador y leo que se puede poner la denuncia por internet y que tan solo se va a comisaría a firmarla para ahorrar tiempo. ¡Infeliz…! A veces parezco boba y me lo creo todo.
Tramito la denuncia y a la
mañana siguiente a primera hora, me presento en la comisaría dispuesta a firmar
mi denuncia. Ni siquiera me dejaron entrar en comisaría. En la misma puerta me
explicaron que se les había caído el equipo y no podían tramitar nada. Llamo
esa misma tarde, para ahorrarme el metro y la caminata y lo mismo. El equipo
funcionaba a ratitos (viva el primer mundo). Como no me garantizan que se
pudiera tramitar, decidí no arriesgar, que ya estaba en racha y dejarlo para el
día siguiente. Por la mañana, el equipo seguía sin querer arrancar al cien por
cien y me indican que llame por la tarde a ver si hay más suerte.
¡Suerte! Como se notaba que no
sabían con quién estaban hablando. Aun así, llamo por la tarde y me dicen que internet
va a pedales. Decido arriesgar, a peor no puedo ir ¿o, si?
Me presento y la denuncia no
aparece, con lo cual hay que tramitarla de nuevo. Le cuento mi historia y me
dice, que mejor lo ponemos como perdida. Me niego porque no es verdad y yo soy
responsable de lo que ponga en esa denuncia.
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O el karma me está poniendo a prueba o hay alguien haya arriba que la tiene conmigo y mira que intento ser buena pero no hay manera, algo debo de estar haciendo mal.
—¿Dónde ocurrió? —Me pregunta el
policía.
—En el centro comercial de La
Gavia
—Pondremos en la calle si no
sabe la dirección.
Le doy la dirección y le digo
que fue dentro de Cortefiel, pasa otro compañero y pregunta por el caso, a lo
que él contesta.
—Un hurto en Stradivarius.
Es en momentos como esos en los
que o te ríes o te pones a llorar. Yo no pude por menos que soltar una
carcajada, total, que más me podía pasar.
—No dudo que, en Stradivarius,
alguien haya sufrido algún hurto, pero lo mío fue en Cortefiel si no le
importa. —Le dije, mientras él seguía concentrado en el teclado.
Al final, en la denuncia consta “pérdida
o sustracción”. Imagino que así no les fastidiamos las estadísticas, porque
según me comentó el policía, sale por defecto y no se puede cambiar.
Conclusión: Cuidar de vuestras
carteras y bolsos, porque, aunque el espíritu de la Navidad nos embargue a las
personas de bien, siempre habrá alguien que ejerza de Grinch y quiera aguarnos
la fiesta.
¡Feliz Navidad!