2 oct 2019

AZROU



 UN MERCADILLO MUY VIVO, UN CONDUCTOR LOCO Y UNOS MONOS MUY SALAOS

 

Emprendimos la marcha en nuestra peculiar carava de casitas-moviles, dirección Azrou. David nos iba describiendo a través de los walkie talkie, los pueblos o ciudades que atravesábamos, si había controles y curiosidades sobre su cultura he historia. Era como ir en un autobús turístico con una enciclopedia andante.


Los taxis esperaban cuando llegamos. También es verdad que llegamos tarde, dimos un par de vueltas a una rotonda y cogimos la dirección, directamente contraria al parking. En dos palabras “Nos perdimos”. Estás cosas pasan en las mejores familias y en la mía es ya una tradición que forma parte de la esencia de nuestras desastrosas vidas.
                           
Nos dejaron en la puerta principal del mercado, pero no, en la que David deseaba. Iba de un taxista a otra dando instrucciones, que no entendían, se les hacía difícil entender, porque una panda de guiris locos, querían meterse en aquel lugar dedicado al ganado, donde además de mucho polvo, sólo podrías encontrar cabras, corderos, gallinas, mulas y muchos burros, algunos, incluso de dos patas.


                                                      
Paseamos entre aquel aparente caos, entre ojiplaticos y fascinados, tanto, como los autóctonos ante nuestra presencia y es que íbamos monísimas.

  
                                                 

Los puestos de segunda mano, fueron un descubrimiento. Esto sí que es reciclar y lo demás tonterías, no necesitan ni cubitos de colores. Aquí tienen un segundo uso, hasta los electrodomésticos más variopintos y antiguos.



Después de hacer algunas compras y pasear por aquel peculiar mercadillo. Alguien se vino arriba, creo que fue Angelines y al ver un pequeño carromato para trasportar animales y objetos, no se le ocurrió otra cosa que decirle a David

 – ¡Quiero una foto!


David, hombre complaciente donde los allá, le faltó tiempo para negociar con aquel conductor, que no salía de su asombro, al ver el interés que despertaba su pequeño y viejo vehículo.


De cómo terminamos metidas cinco de nosotras y toño en aquel cuadrilátero para cabras. No soy capaz de recordar, quizás por lo inverosímil de la explicación. Palabrita, que a esas horas de la mañana, ninguno había consumido una gota de alcohol. A no ser que las aceitunas que habíamos probado y comprado, tuvieran efectos secundarios. Ni siquiera llegamos a decir esa frase tan típica de ¡No hay huevos!


La cuestión es, que una vez acopladas para la dichosa foto, ya no había vuelta atrás. Encajados cual tetris, algunos en posturas imposibles, resultaba improbable, poder salir sin amputar algún miembro, para desencajar. Llegados a la conclusión de que nadie quería sacrificarse por el grupo. David no se complicó la vida y aprovecho la coyuntura, dando instrucciones precisas de donde nos tenía que dejar. Si no puedes con el enemigo únete a el. Que digo yo, si el recorrido era de apenas diez minutos, por mucho que nos deshidratáramos, no íbamos a perder el suficiente volumen, como para bajar de aquel puzle humano con ruedas. Pero a pesar de ser homo-spines, no estábamos en nuestro mejor momento.

Resultado de imagen de ACCIDENTES
El señor estaba tan contento con la misión que, se lanzó a la carretera cual kamikaze, mirando más hacía atrás que hacía delante, entre risas y gritos de alegría.

¿Es qué no hay ni uno normal? El peligro lo ví venir, nada más arrancar y estar a puntito de llevarse cuatro cabras, cinco personas y tres carromatos por delante. De donde demonios saca está gente el carnet, es todo un misterio, que no conseguí descifrar en todo el viaje.

Resultado de imagen de STOP
Mi vida pasó por mis ojos en el momento en que el conductor se saltó un stop y se le caló el motocarro en medio del cruce, mientras los coches nos esquivaban como podían pintando y haciendo aspavientos. En esos momentos, no sabíamos si gritar o reír, total íbamos a morir. El resto del camino no fue mejor, pero nos lo tomamos con muy buen humor, de todas formas, no podíamos escapar.

Conseguimos llegar vivos y nos miramos los unos a los otros, como esperando una señal. El capullito de alelí, bajo del vehículo y en la parte de atrás, corrió un pequeño cerrojo y bajo la trampilla del corralillo ¿De verdad no podía haberlo abierto en el mercadillo? Bajamos entumecidos, pero sanos y salvos que dadas las circunstancias, era todo lo que se le podía pedir al destino.

En este viaje, las ganas de besar el suelo son más fuertes que las de besar a mi Lucero y empiezo a preocuparme.

Fuimos las únicas en venir de aquella manera, los demás vinieron en taxi. La versión oficial, es que no habían encontrado ninguno lo suficientemente limpio. Pero entre nosotros, creo que después de ver al pobre Toño encajado en cuclillas, debieron pensar que con seis inconscientes magullados en el grupo, era más que suficiente.


Nos dirigimos al bosque de cedros de Azrou, donde los monos viven salvajes y felices de pillar a pardillos como nosotros. Nada más llegar, a Sole le quitaron el paquete entero de cacahuetes, eso de que se los echara de uno en uno, no les debió de gustar.


La idea de comer a la fresca entre los verdes árboles, en mitad de la naturaleza, donde sólo el canto de los pájaros y la leve brisa que mece las ramas, era muy buena y así lo teníamos planeado. Lo que no teníamos planeado era la visita de los macacos, que decidieron unirse sin invitación y claro, así no había manera. Corríamos con los platos, como almas perseguidas por satán, mientras los monos se lo pasaban pipa, saltando entre los techos de las autocaravanas en busca de su botín. Cuando la cosa parecía calmarse y nos habíamos zampado a cien por hora la escueta comida. Hubiéramos disfrutado de más calma, en medio de la M30. David sacó la sandía de 6 o 7 kilos que habíamos comprado dos días antes y que estaba hasta la coronilla (no de cura, que gasta brillante melena) de tenerla en la despensa.


Los jodios se pusieron las botas con el néctar de aquella sandía, eso sí, abstenerse de echarle la parte de la cascara, te miran mal y se cabrean, que son monos, pero no gilipollas y sí, lo digo desde la experiencia.




FOTOGRAFÍAS REALIZADAS POR PACO MORENO VÁZQUEZ Y BORJA MORENO.

VIDEOS Y RESTO DE FOTOS, POR EL GRUPO


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