Nos dirigimos a Najac, aprovechando que las nubes comenzaban a
disiparse. Eso no significa, que nuestras fotos vayan a ser mejores, aunque si
menos borrosas.
Según mi lucero, la culpa es del palo para hacer los serfiels. Yo en
cambio pienso que es un problema de pulso, o de la falta de él. Que estamos los
dos como para robar panderetas.
Najac está en lo alto de la colina, como casi todos los pueblos de
zona. Imagino que, aunque estos franceses piensan en todo, no pensaron en las
vistas que les iban a quedar, sino en cómo protegerse de posibles ataques. Fuera
por la razón que fuese, les han quedado unos pueblos de lo más cuquis. No solo
por el tipo de construcción que a perdurado durante siglos, sino por el entorno en el que se encuentran.
El parking para autocaravanas estaba situado al pie del río. En un lugar
ideal para hacer multitud de deportes. La única pega que le vimos era la distancia que había hasta el pueblo. Puede que no fueran muchos kilometros, pero si en cuesta, hasta la cima de la montaña y lo que hizo que nos declinaramos por acercarnos al pueblo con la autocaravana, a ver si encontrábamos
algún lugar donde dejarla.
Como no había muchos turistas por la zona, encontramos el lugar ideal entre un prado verde donde pastaban las
vacas y el cementerio, y desde allí emprendimos la caminata. Había dos carreteras, una en cuesta y la otra llana. Optamos por la aparentemente llana. Y además de andar el doble, resultó que había que subir por unas escaleras de escalones para baloncentistas. Tras nuestro recorrido por el pueblo, bajamos por la carretera que estaban a menos de quinientos metros de nuestra autocarava. La aventura es así, no importa lo que se tarde en llegar, lo importante es disfrutar del viaje.
Y disfrutar, ya os digo que disfrutamos. Visitamos el castillo, la iglesia y los fotografiamos todo, todo menos las vacas no fuera a ser que se molestaran.