22 abr 2023

TODO LO QUE NO DEBES HACER AL EMPAPELAR.

 


Necesitaba un cambio y no se me ocurrió otra cosa, que poner papel pintado en la pared del cabecero de mi cama. Quizás me lo debí pensar dos veces, pero que le voy a hacer, si Odry, desastrosa y sin remedio.

Todo empezó un día en que, a pesar del sol, yo lo veía todo gris. No, no entendáis mal, la habitación era gris y yo decidí pasarme al gris azulado. Según mi lucero, apenas hay diferencia, pero eso para una pintora aficionada es un sacrilegio.

Cuanto más me lo imagina, más bonito lo veía. Y me lance a comprar todo lo que necesitaba, incluso un terciopelo gris oscuro para resaltar el tapizado del cabecero

Compré el papel en una plataforma china. Tenían una gran oferta y buenas puntuaciones. Estos todavía tienen el rollo por poner, que os lo digo yo.

Mi lucero se fue de viaje y dije: —¡Esta es la mía! Así, no le tengo que aguantar protestando.

La intención era buena, pero mover la cama yo sola, no fue la mejor de mis ideas y ya van unas cuantas. Hice lo que pude y conseguí distanciarla de la pared, lo suficiente como para meter la escalera. El viernes cuando llego mi Lucero, me explicó que las ruedas del canapé tenían un seguro para evitar que se desplaza. Maldije mi suerte y el seguro de las ruedas del canapé, pero ya estaba colocada (yo no, la cama)

Quitar el antiguo papel, resultó tan sencillo que me vine arriba pensado. «¡Esto, esta chupao!». ¡Infeliz…!

Con la pared lista, echo los polvos del pegamento para empapelar en un cubo con agua y comienzo a remover. Cinco minutos más tarde, aquello más que pegamento, parecía hormigón. El palo de remover, se había quedado clavado y ni para adelante ni para atras. Cojo la caja y leo en las instrucciones; cincuenta gramos de polvo por ocho litros de agua. Le dio la vuelta al paquete y ponía.

Este paquete contiene 500 gr,

—¡Hay mi madre, ya la he liao! —Exclamó, mientras intento sacar el palo, que más me hubiera valido meter una pala.

Obviamente, las proporciones, eran completamente desproporcionadas y tengo que coger otro cubo urgentemente para añadir más agua.

El palo se parte, yo, mecagüen en too lo que se menea. Cojo una espátula. Consigo meterla, dándole bien con el martillo, que esto parece que seca rápido. Hago palanca y saco algo de argamasa y la disuelvo en agua, mucha agua.

 Unto la primera tira. Me vengo arriba y convierto la pared en una pista de patinaje para el papel. He visto vaselinas menos eficientes que el condenado pegamento.

El papel se desliza, cada vez que lo coloco y tengo que volver a subirlo una y otra vez, hasta que se queda. Bajo de la escalera a por la siguiente tira. A estas alturas, el pegamento ya es prescindible porque rebosa por todas partes: la pared, el suelo y hasta mi persona. Tenemos mejunje para empapelar el museo de prado y sus aledaños.

La segunda tira no fue mejor y eso, que iba sin pegamento. Con la tercera parece que le he cogido el tranquillo y cuando terminó. Suspiro hondo, porque ha quedado mejor de lo que pensaba.

Toda hacendosa, me dispongo a limpiar los restos de pegamento que han quedado en el papel antes de que se seque y no haya manera.

—¡Mecagüen…!  —Maldigo a los chinos, al trapito húmedo, al pegamento y al papel pintado azul noche que según pasó la bayeta deja un restregón azul cielo. —¡Toma buena calidad!

Le doy con el rotulador azul oscuro de la niña. Con la esperanza de disimular los ronchones, pero va de mal a peor y lo dejo.

Con sumo cuidado, comienzo a retirar la tira de papel pintarrajeado. Rasco con la uña el filo superior y parece que se desprende bien, pero no solo el papel, con el iban el millón de capas de pintura que se han dado a lo largo de los últimos treinta años. La pared queda a rodales como la piel de la jirafa y lo hubiera dejado así, de no ser porque cada capa era de un color diferente.

Comienzo a hiperventilar y como no me queda chino al que mal decidir, cojo la espátula y comienzo a sanear hasta llegar al yeso. Cuando terminó me pongo a limpiar los suelos, la pintura, el polvo, los restos de papel y el maldito pegamento.

—¡Lavable! ¡Que el papel era lavable! —Me lamento mientras vuelvo a leer las instrucciones para ver en que he podido fallar. —¡Pues será en seco!

Colocó la única tira de papel que había retirado, con algo de pegamento, a ver si hay suerte y lo consigo ajustar. Veo que le faltan unos milímetros y lo intento estirar.

—¡Por Dios, que era del mismo royo! no puede haber encogido. —Me caen los sudores de la muerte y empiezo a estirar del lado y su contrario, hasta que, no me preguntéis como, quedo un filo hilo entre medias que pinte con el rotulador. —Ya de perdidos al río. —Vuelvo a hablar sola, que es lo menos que me puede pasar con esta odisea.


El pegamento se reproducía y el papel se encogía. Yo a este efecto no le encuentro explicación, ya podían sincronizarse y no joderme más el día. Si Murfhy levantara la cabeza, se olvidaría de la tostada y me pondría como ejemplo de su Ley.

Cinco horas más tarde, me quería tirar por la ventana, pero como es un primero, lo descarto. Con la suerte que tengo, lo mismo me doy mal golpe y me quedo atontada. Justito lo que me faltaba.

Pienso en arrancarlo todo y pintar, pero son las nueve de la noche y llevo desde las ocho de la mañana. A ver, quién es la valiente que lava el pegamento de la pared, le da aguaplast a los socavones, lo lija, lo pinta y vuelve a limpiar. Opte por hacer pucheros, no arregla el problema, pero desahogas y te quedas tan ancha.

        Dentro de lo malo, entre el cabecero, la cama, los cuadros, las lamparitas y los libros, hemos tapado casi todos los restregones.

Y, aunque mi Lucero me amenace con el divorcio, estoy deseando volver a cambiar…



13 comentarios:

  1. Resultó una verdadera Odisea este cambio de “look” en la pared.
    Me gustó tu relato y al momento de leerte, tus letras me llevan a visualizar (con la imaginación) todas las jocosas situaciones que describes en tu obra.
    Autora, lo he disfrutado mucho y te lo agradezco.

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    1. Muchas gracias, puedo enseñar este comentario a mis amigos y familiares? Es que sino, no me van a creer. Ja, ja, ja,
      Eres un encanto. Un fuerte abrazo.

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    1. Si es que me pierde ser una ocicona. Me pongo un los videos de YouTube y me vengo arriba de una manera...
      En fin, seguro que la próxima me sale mejor.
      Un besote enorme.

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  3. Mi querida sin darme cuenta he borrado mi comentario. Perdón por mi torpeza
    Me encanta como escribes.Mil besos

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  4. No te preocupes y como siempre, mil gracias.

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  5. Qué bonita la foto que has puesto
    Eres muy bella

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    1. No te imaginas lo que me costo, ja ja ja Tiene su propio post y todo.
      Un besote tesoro.

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