1 abr 2023

AOJAR (CUANDO EL ODIO TRASPASA LA MIRADA) CAPÍTULO 8

 

Este es un capítulo de una novela que voy publicando los fines de semana. Lo vuelvo a explicar para todos aquellos que piensan que es demasiado largo...



8. CAPÍTULO

C

uando llegaron las cinco, Lys no sabía qué hacer. No quería volver a su casa. No le gustaba nada la idea de estar allí sola y pensó acercarse al gimnasio. Un par de horas haciendo algo de ejercicio no le vendría mal. Después cenaría con Carmen y llegaría lo suficientemente agotada, como para acostarse y no enterarse de nada.

Tan solo tendría que coger la bolsa de deportes y meter la muda y el secador.

Al salir del metro, se acercó al supermercado y compró algo para dejar en la oficina. Las tristes galletas que había encontrado en la salita estaban bastante rancias.

Caminaba despacio, como si no quisiera llegar nunca. En realidad, no quería llegar. Hubiera dado lo que fuera por tener algún lugar a donde ir. Incluso, había barajado la posibilidad de pasar esas tres noches en la habitación de algún hotel, pero Mario aportaba lo justo a la cuenta común y con su sueldo no se lo podía permitir.

Tarde o temprano tendría que entrar. No era la primera vez que se quedaba sola y probablemente no sería la última. No iba a solucionar nada huyendo del problema. Aunque, no fuera lo mismo la teoría que la práctica.

Comenzó a lloviznar y Lys maldijo su suerte. No llevaba paraguas y el abrigo de lana, no tardaría en empaparse.

Al cruzar la calle, el fuerte pitido de un claxon, le hizo pegar un brinco y subirse a la acera. Estaba tan absorta en sus pensamientos, que no se dio cuenta del vehículo que venía por su izquierda.

Al pasar, el hombre se lo recriminó a gritos, pero ella no fue capaz de reaccionar. Notaba su corazón latiendo con fuerza y era consciente de que aquello acababa de empezar.

«No podía seguir así». Se dijo, mientras miraba en todas direcciones antes de volver cruzar.

Con el susto en el cuerpo, siguió su camino y torció a la derecha para meterse en su calle. Escuchó el sonido de unos pasos tras ella y no pudo evitar prestarle atención.

No quería mirar atrás y parecer una paranoica, pero ya no se fiaba de nada ni de nadie. Al llegar al portal, fingió que buscaba las llaves. En realidad, lo único que quería, era saber quién caminaba tras ella.

Reparó en la figura de un hombre al principio de la calle, pero llevaba una capucha y no pudo distinguir los rasgos de su rostro.

Abrió la puerta y entró en el portal. Buscó rápidamente el interruptor y corrió escaleras arriba. Al cruzar por el descansillo del primer piso, escuchó la puerta del portal. Pensó que aquel tipo había corrido mucho para alcanzarla.

En la segunda planta, con el corazón a punto de salirle por la boca, se paró un segundo. La idea de entrar en su casa, la heló la sangre, era como si tuviera que elegir entre susto o muerte. ¿Cómo evaluar la opción más peligrosa? ¿Qué sería mejor, ser atacada por un extraño o por algo a lo que ni siquiera podía nombrar?

Aceleró ligeramente el paso y su perseguidor hizo lo mismo, algo que no le pareció normal.

«¿Por qué no habré cogido el ascensor?». Razonó a punto de echar el hígado por la boca.

Entre los sustos, la carrera y la angustia que sentía en aquellos momentos, su perseguidor no iba a necesitar mucho para acabar con ella, un simple soplido, sería más que suficiente.

Cuando llegó a su descansillo, le faltaba el aire y se sentía morir. Estaba tan nerviosa que no acertaba a meter la llave en la cerradura. Incluso, llegó a pensar que se había equivocado de planta.

Percibió como los pasos se acercaban. Intentó meter la llave de nuevo. Sus manos temblorosas hicieron que el llavero cayera al suelo y se agachó rápidamente a recogerlo. Escuchó como cruzaba el descansillo de la planta inferior. Unos segundos serían suficiente para que la alcanzara.

—¡Entra por Dios, entra! —Dijo en voz bajita, ante la desesperación de ver que la llave no penetraba en la cerradura.

Pensó en correr escaleras arriba, pero lo descartó. Era una idea pésima, allí no tendría ninguna salida.

Se sujetó la mano derecha con la izquierda y consiguió meter la llave. Justo en ese momento, el tipo de la capucha aparecía por la escalera en dirección a ella.

Se metió corriendo y cerró la puerta tras de sí. Se quedó apoyada en ella, intentado evitar que el intruso pudiera entrar. Se tapó la boca con la mano para poder escuchar lo que estaba haciendo aquel tipo.

Percibió como los pasos cruzaban el descansillo y seguían su camino al piso de arriba. Unos segundos después, escuchaba cómo cerraban la puerta del cuarto piso.

Soltó todo el aire retenido en sus pulmones y dejó caer la bolsa de la compra en el suelo.

«¿Qué estaba haciendo?». Reflexionó, mientras miraba a su alrededor.

La casa estaba sumida en la penumbra. Ni siquiera había dado al interruptor para que el vecino no viera la luz.

«¡Otra idea absurda! —Pensó al darse cuenta de que la había visto entrar. —Será la falta de oxígeno en el cerebro».

Sin moverse de la puerta, estiró la mano y apretó el interruptor. No estaba segura de que era lo que esperaba, pero seguía inmóvil sin separarse de la puerta. Observó con atención cada rincón de aquel pasillo.

No la gustaba aquel silencio, era como sentir la calma chicha que precede a la tempestad. La resultó tremendamente triste, no sentirse segura ni dentro ni fuera.

Cerró los ojos unos segundos, intentó concentrarse en su respiración, está ser hizo más fluida y acompasada. Cogió la bolsa de la compra que tenía a sus pies y la dejó en la cocina con el abrigo aun puesto. Recogió todo lo que necesitaba del dormitorio y salió disparada en dirección al gimnasio.

Cuando salió de la ducha del gimnasio, se encontró un mensaje en su móvil. Carmen cancelaba la cena. Al parecer, le había surgido un imprevisto.

Lys se imaginó lo que le habría surgido, pero lo entendió y no le dijo nada.

Cuando volvió a su casa, parecía que hubiera llegado de la guerra. Si alguien quisiera perseguirla, no pensaba poner la menor resistencia. Estaba tan exhausta, que apenas podía arrastrar sus piernas. Dos clases seguidas de Fitness y spinning habían sido un error.

Llevaba un par de semanas sin aparecer por el gimnasio y le iban a salir agujetas hasta en las pestañas.

Soltó la bolsa en la entrada y sacó la ropa sucia. Se preparó la cena y comió en silencio. Tenía todos sus sentidos en alerta. Ni siquiera se había atrevido a encender la televisión.

Miró sus manos temblorosas, iban a ser las tres noches más largas de su vida. Escuchó un ruido que venía del piso de arriba. Los vecinos estaban discutiendo y casi agradeció poder escucharlos, aunque eso la convirtiera en una cotilla.

Cogió el mando y puso el televisor. Las noticias no eran buenas. Rusia amenazaba con invadir Ucrania. La cosa parecía seria a pesar de que Putin negaba la invasión. Los países europeos no creían en su palabra y comenzaban a posicionarse en uno u otro bando. El mundo se había vuelto loco, tanto o más que ella.

Entró en el baño y dejó la puerta abierta. Retiró la cortina de plástico para comprobar que no hubiera nada detrás. Mientras se lavaba los dientes se mantuvo en alerta. Sabía que no podría evitar que volviera a pasar, pero, por lo menos, lo vería venir.

De vez en cuando, paraba de cepillarse los dientes. Escuchando atentamente cualquier rumor: el sonido de las cañerías, las cisternas adyacentes, las voces de sus vecinos... Cuando sentía la seguridad de que todo estaba bien, volvía a lo que estaba haciendo.

Andaba poniéndose el pijama, cuando el teléfono comenzó a sonar. Se alegró al escuchar la voz de Mario, aunque después de oírlo unos minutos, la ilusión se fue desvaneciendo. Tan solo hablaba de trabajo, ni un “te echo de menos o te quiero”.

Colgó con la sensación agridulce del que sabe que algo no anda bien, pero tiene que disimular para que no termine peor. Estaba tan agotada, que ni siquiera Mario le quitaría el sueño esa noche.

 

El martes, tuvo que aguantar la ironía de Carmen. Se había molestado por no poder acompañarla a la hora de comer. Le acusaba de estar resentida por no haber cenado juntas la noche anterior.

«¿Cómo podía ser tan retorcida?» Pensó Lys, al verla salir de su despacho sin querer escucharla. A veces se comportaba como una niña pequeña.

Aquella tarde, tenían una reunión importante y ella, tenía que terminar el dosier con los puntos a tratar antes de las cuatro.

Se pasó toda la mañana pegada al ordenador. De vez en cuando, miraba el reloj y se desesperaba al ver como el tiempo corría más que ella. Era una situación tremendamente frustante. Le recordaba las pesadillas en las que, por mucho que corriera, no conseguía avanzar.

El documento que le había hecho llegar Laura, estaba plagado de errores y ella no los podía dejar pasar. Aquel dosier era muy importante para la imagen de la empresa. Lys, no quería que pensaran que trataban con unos ineptos.

No había ni una página bien redactada. Era un auténtico calvario de cuatrocientos folios. Laura parecía ignorar intencionadamente lo pactado en el precontrato. Había hecho una auténtica chapuza.

 Miró el sándwich que había sacado de la máquina. Se moría de hambre, pero si paraba no conseguiría entregarlo a tiempo. Estaba tan estresada que, a pesar del frio, a punto estuvo de abrir la ventana de su despacho para que entrara el aire que a ella le faltaba.

Respiró hondo e intentó seguir, pero después de cinco horas, comenzaba a ver borroso. Como si tuviera una telilla en los ojos que no la dejara fijar la vista. Sacó un pequeño espejo que tenía en la cajonera de su escritorio para mirarse en él.

Al verse, se quedó horrorizada, tenía los ojos inyectados en sangre. La piel de su rostro se había vuelto prácticamente gris y los labios blanquecinos. Tenía el mismo aspecto que su abuela el día que la incineraron.

Cerró los ojos un momento, intentando calmar el escozor. Estaba tan agobiada que probablemente llevaba sin pestañear las últimas tres horas. ¿Cómo nos los iba a tener rojos? Lo raro es que no se la hubieran caído.

No la vio venir. Laura entró en su despacho y se puso a gritarla, al verla apoyada contra el respaldo de la butaca.

—¿Lo has terminado?

Lys abrió los ojos y negó con la cabeza, lo que provocó que Laura se encolerizara más.

—¡Te he dicho que es urgente! ¿Se puede saber qué haces durmiendo? ¿Te crees que esto es un juego? ¡El puesto de mucha gente depende de ese informe! ¡Eres una irresponsable! No es momento para siestas. Hay que trabajar, o estaremos todos en la puñetera calle antes de lo que te imaginas.

—¡No estoy durmiendo! Solo necesitaba….

Laura no la dejó terminar, levantó su mano y siguió gritando, mientras Lys la observaba en silencio, como si no se lo pudiera creer.

—¿Te crees que soy estúpida? ¡Lo he visto con mis propios ojos! ¡Esto no va a quedar así! Ahora mismo voy a subir al despacho del director general. Tiene que saber que, si este informe no llega, será única y exclusivamente por tu culpa.

Fue como una revelación. Lys comprendió lo que Laura estaba haciendo. Ella sabía perfectamente que su trabajo era una basura, e iba a utilizarlo para echarle toda la culpa a ella.

Carmen tenía razón, al final siempre se salía con la suya. Era una malísima persona, pero debía reconocerle una inteligencia innata como estratega.

Intentó calmarla y explicarla lo que había ocurrido.

—Tan solo estaba descansando la vista, no he parado desde que me lo diste, ni siquiera he comido.

Ni un segundo, tardó Lys en darse cuenta de que su suerte estaba echada. Laura era una mujer rencorosa. No iba a dejar pasar la oportunidad de deshacerse de ella y mucho menos, después del enfrentamiento que habían tenido días atrás.

—¿Y crees que a mí me importa? Si no estuvieras perdiendo el tiempo ya estaría terminado. Estoy cansada de tus excusas. No te involucras en el trabajo y yo necesito a alguien que esté dispuesto a darlo todo. Tú eres una incompetente y está vez, todo el mundo se dará cuenta de ello.

Lys miró al cielo en busca de ayuda divina, pero lo único que vio fue un desconchón en el techo.

Lys estaba a punto de reventar, su cabeza era un polvorín: el hartazgo, la rabia, la incompetencia y la migraña, se mezclaron peligrosamente. Toda la tensión acumulada en las últimas semanas, estaba a punto de estallar. Aquella bruja la quería contra las cuerdas. No solo pensaba pedir su cabeza, quería hundirla para que no pudiera encontrar otro empleo y explotó.

—¿Qué tú estás cansada? —Preguntó Lys casi en un susurro, aunque con la suficiente profundidad, como para que Laura se diera cuenta de que no era una pregunta de cortesía. —¿Qué no me involucro? ¿Incompetente? —Continuó hablando, mientras movía la cabeza negativamente. —¡Yo!

Lys se levantó de la silla y se dirigió hasta donde se encontraba Laura colocándose frente a ella. Laura la ignoró deliberadamente. El tintineo en su móvil, anunciaba un mensaje y bajo la mirada para leerlo.

 Lys se lo quito de las manos y lo dejó sobre la mesa. Laura la miró, como si no pudiera creerlo.

—¡Mírame! —Laura seguía mirando su móvil y parecía no reaccionar. —¡¡Qué me mires!! —Grito y Laura se sobresaltó. —Llevo dos años haciendo tu trabajo y el mío. ¡¡Dos años!! En los que me has tratado como a una mierda. Aquí solo hay una inútil y esa, mi querida compañera, eres tú. Toda la oficina sabe que, de no haberte tirado al jefe, ahora mismo estarías en la calle. Le tienes cogido por los huevos y por eso no te hecha a pesar de tu ineptitud. Llegas la última y te vas la primera, lo único que haces es pavonearte por la oficina jodiéndole la vida a todo el que se cruza en tu camino. Este informe no tiene ni pies ni cabeza, le faltan datos y le sobran faltas de ortografía. Por si no fuera suficiente, está plagado de palabras incomprensibles que te has inventado y que tan solo para una analfabeta como tú, podrían tener algún significado. Estoy cansada de tus amenazas. ¡Pide mi cabeza si tienes huevos! Porque estoy deseando ver tu cara, cuando te manden a la mierda.

—Esto te va a costar algo más que tu puesto de trabajo. Pienso hundirte tanto, que jamás te volverán a contratar. Vas a terminar de patitas en la calle y no podrás hacer otra cosa que no sea limpiar la mierda que otros dejen. Porque eso es lo que tú eres, un saco de basura.

—¿Tú crees? —Le respondió con una sonrisa malévola Lys.

Laura la miró y dudó en contestarla. Acababa de ver una cara de Lys, que no esperaba.

 —Tu problema es que nunca me has valorado ni a mí ni a ningún compañero. Te has aprovechado de tus amistades, creyéndote un ser superior y menospreciando nuestro trabajo. Yo no quería entrar en guerras, pero te aseguro que si alguien va a limpiar mierda no voy a ser yo.

Lys ya no medía sus palabras, le daban igual las consecuencias y no iba a parar.

—¡Es un farol! Estás mintiendo ¡¡Mientes, mientes!!

Laura estaba histérica, durante años se había creído inmune, pero al escuchar a Lys, comenzó a dudar. ¿De qué narices estaba hablando? ¿Qué sabía Lys, que ella ignoraba? Algo tenía que haber pasado y ella se había quedado fuera. ¿Estaban jugando con ella? No, eso no podía ser.

—¿Eso crees? ¿Cuántas amantes tiene Jorge? ¿Estás segura de ser la única? ¿Cuánto tiempo crees que tardara en cansarse de ti? En el fondo me das pena. Te lo has jugado todo a una carta y ni siquiera sabes si va de farol.

—¡Yo no tengo miedo! No vas a conseguir lo que te propones. No tengo dudas. Lo sé todo. Tan solo eres una miserable que quiere sembrar la discordia, dividirnos para salirte con la tuya.

—¡Tú misma! Me conoces, nunca te he mentido. Cuando caigas en picado te acordarás de lo que hoy te he dicho.

Laura la miró con la cara desencajada. Siempre había tenido la sartén por el mango. Lys había conseguido desestabilizarla y parecía disfrutar con ello. Reculó como pudo, no quería que aquella discusión llegara a los oídos de Jorge. Se suponía que todo era un secreto. No podía arriesgarse a caer en ninguna trampa. Lys podía olerse algo, pero no tenía ni idea de lo que estaba pasando y no sería ella, quien la pusiera sobre la pista.

—Creo que esta discusión no nos va llevar a ningún sitio. Tenemos media hora para arreglarlo. Las dos nos hemos excedido y hemos dicho cosas de las que estoy segura, estamos arrepentidas. Voy a pasar por alto cómo me has quitado el móvil de las manos. Puede, que te haya presionado demasiado y por ello; te perdono. Espero que no se vuelva a repetir, porque una amenaza más y me encargaré personalmente de ti. ¿Lo entiendes? —Terminó con una falsa sonrisa.

—¡La que no lo entiende eres tú! Ya no hay marcha atrás. Esto se acaba aquí. Voy a entregar tu informe. ¿No está tan bien redactado…? Pues que todo el mundo tenga conocimiento del “por qué” han fracasado unas negociaciones imprescindibles para la buena marcha de la empresa. Puede que a Jorge le de igual, pero, ¿y al resto del consejo…? Me va a encantar ver la cara del socio mayoritario cuando se entere lo que andas tramando. —La cara de Laura, se descompuso y Lys supo que había dado con la tecla. Al menos, era lo que pensaba en aquellos momentos. —Lo has dejado para el último momento a propósito, querías vengarte y quitarme del medio. ¡No podías dejarlo pasar! ¿Verdad?

Laura se quedó en silencio. Estaba descolocada por completo y Lys, no pensaba dejarla que volviera a tratarla de aquella manera. No trabajaba para ella y no era su jefa.

Lys se acercó a su escritorio y cogió un montón de carpetas con documentación. Laura la miraba sin saber qué hacer. Comenzó a balbucear excusas. Lys no atendió a sus razonamientos y siguió caminando. Laura le pidió perdón mientras salía por la puerta del despacho.

La gente las miraba sin entender muy bien qué era lo que estaba pasando. Nunca habían visto a Lys tan seria. Laura la perseguía suplicándola algo, mientras Lys hacía oídos sordos.

Lys se dirigió a las escaleras para no tener que esperar al ascensor. No pensaba parar, iba a llegar hasta el final. ¿No quería dejar las cosas claras?, pues iban a quedar cristalinas. Aquella situación no podía seguir prolongándose en el tiempo ya se había sacrificado más de lo que nadie haría por ella.

Laura pasó por delante de ella y consiguió pararla en lo alto de la escalera. No dejaba de repetirle que se parara a hablar y Lys la contestó con ironía.

—¿Ahora quieres hablar? Creía que me ibas a hundir. ¿Cómo eran tus palabras? ¡Espera ya las tengo! Estabas harta de mi incompetencia. ¡Ja! Cómo si tú supieras lo que es eso. —Le dijo Lys gritando para que todo el mundo le pudiera escuchar.

—¡Me he pasado y te pido perdón! ¡Por favor! No saquemos las cosas de quicio y hablemos como personas civilizadas.

—¿Me lo estás diciendo en serio? Has sido de todo, menos civilizada. Has atropellado a todo el que se te ha puesto por delante y eso se acabó. Deberías haberlo pensado antes. Te has metido con la persona equivocada. ¡Has metido la pata y no sabes hasta donde! ¡Déjame pasar!

Laura intentó quitarle las carpetas y Lys apartó su mano con rabia. Al ver que no podía convencerla, Laura la amenazó.

—¡No vas a pasar! Vete por dónde has venido o me veré obligada a…—Se quedó callada y Lys la dijo desafiante.

—¿A qué?

—¡¡No me provoques Lys!!

—Voy a pasar con o sin tu permiso.

Lys intentó bordearla y Laura la empujó con todas sus fuerzas. Lys no lo pudo evitar, intentó agarrarse a la barandilla de metal, pero no pudo. Perdió el equilibrio y cayó de espaldas, sintiendo como los escalones se iban clavando en su cuerpo a medida que iba rodando escaleras abajo. Su cabeza se golpeó con fuerza a la altura de la nuca y su cuerpo quedó tendido en el suelo entre cientos de folios esturreados que comenzaban a mancharse de sangre.

Lys no podía moverse, vio como Laura se acercaba a ella sonriendo....

2 comentarios:

  1. Tesoro, si divido cada capítulo en dos, no termino la novela ni en un año.
    De cualquier forma, mil gracias por comentar.
    Un fuerte abrazo

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